El problema con este tipo de acciones es doble. Por un lado, la vertiente social de las plataformas en las que tienen lugar hace que su expansión sea muy sencilla. En cuanto un usuario cae y publica el mensaje, sus seguidores son expuestos a él. Además, es fácil que crean que el tuit fue escrito por él, cuando en realidad no fue así. Es parecido a lo que trató de hacer hace poco una estafa que se movió por WhatsApp.

Y este es el segundo problema: los permisos. Estas aplicaciones necesitan que el usuario dé su permiso para que puedan publicar mensajes en su nombre, acceder a sus contactos o seguir a nuevas personas. Sin embargo, no tiene acceso a la contraseña, y esto es algo que queda muy claro. Y ahí está el error: este hecho da una sensación de seguridad que hace que olvidemos que la aplicación tiene permisos para hacer exactamente lo mismo que podría hacer si conociese nuestra clave.

De este modo es posible continuar con los engaños, enlazar a páginas con malware o hacer que el usuario siga a cuentas concretas (en algunos casos, con fines maliciosos; en otros, de servicios de compra de seguidores).

Afortunadamente, solucionar el problema es muy sencillo (claro que lo más simple es, sencillamente, no caer en estos trucos). Para revocar el acceso a una aplicación hay que acudir a Configuración y entrar en Aplicaciones. Una vez ahí, lo mejor es no tener piedad y, ante la duda, acabar con toda aplicación no oficial. La regla más simple es que si no sirve para tuitear, no necesita permisos para hacerlo.

Un error recurrente también en Facebook

Pero los usuarios de Twitter no son los únicos que caen en esto, ni mucho menos. Los de Facebook, también. Por ejemplo, ese contacto insoportable que publica todos sus logros en Candy Crush probablemente no sepa que puede no hacerlo. La red social también muestra la información a la que acceden las aplicaciones (básicamente, tu nombre, fecha de nacimiento, ciudad de residencia, amigos, gustos y algunas fotos; nada exagerado o invasivo) y los permisos que tienen.

Lo bueno es que en este caso al menos es posible seleccionar quiénes verán las publicaciones que hagan las aplicaciones de terceros. Es decir, ya que vamos a cambiar nuestra privacidad por pasar unas horas recolectando caramelos, al menos podemos intentar no enganchar a nuestros amigos.

Pero esto no ocurre sólo con los juegos. ¿Sabes ese vídeo de una chica que destroza su vida en unos segundos o esa pillada porque no sabía que estaba siendo grabado que comparten varios de tus amigos? No pinches. De verdad, no lo hagas. Piénsalo: ¿quién necesita poder dirigirse a todos tus contactos o ver las fotos de la boda de tu primo para enseñarte un vídeo?

Ahora, supongamos que lo hiciste en una época en la que eras joven en ingenuo, pero quieres corregir tus errores. Tranquilo, la respuesta no está volando en el viento, sino a unos clics de distancia. En la parte superior de cualquier página de Facebook verás un candado al lado de tu nombre: púlsalo y selecciona más opciones. Ahí verás la sección de Aplicaciones en la que puedes editar los permisos o simplemente revocarlos. La regla, de nuevo, es la misma: sin piedad.