La protagonista de esta historia es Mia Matsumiya, una joven estadounidense de origen japonés cuyo padre, según su propia descripción, es un “científico loco” que la utiliza como “cobaya humana” (y ella encantada). Tocaba en una banda llamada Kayo Dot y tenía multitud de admiradores, que le dejaban comentarios en su antiguo blog, su MySpace y, más adelante, sus diversos perfiles en las redes sociales.

La música y la ciencia son dos de sus pasiones, pero su biografía en Instagram no está centrada en ese aspecto: “1,45 metros. Violinista e imán de pervertidos. He recopilado más de 1.000 mensajes de personas repugnantes, bichos raros y fetichistas durante los últimos 10 años. Ahora he decido publicarlos todos”.

Esta declaración de intenciones y el propio nombre de la cuenta (perv_magent) lo dicen casi todo. Más de 70.000 seguidores en el momento de escribir estas líneas respaldan su iniciativa.

El repertorio de proposiciones indecentes que ha documentado Mia resulta repugnante. "Me encanta tu pequeño cuerpo, ¿quieres ser mía?" o "te gustaría ser una estrella del porno pero no puedes” son solo un par de ejemplos suaves. La ristra de alusiones degradantes que ha tenido que soportar, sin embargo, va mucho más allá.

“Recibí una cantidad enorme de mensajes horribles mientras estuve en esa banda”, recuerda Matsumiya, que tomó la decisión de hacer capturas de pantalla y conservarlas en su ordenador para “estudiarlas” posteriormente. “Pensé que pararían en algún momento, pero han seguido hasta hoy en día”.

El tiempo fue pasando y la joven se empezaba a insensibilizar respecto a los mensajes, así que decidió tomar cartas en el asunto. “Decidí que tenía que hacer algo, así que creé la cuenta de Instagram”, afirma. “Ni yo ni otras mujeres merecemos ser tratadas de este modo”.

La respuesta de los internautas a este proyecto ha sido mayoritariamente de apoyo, aunque algunos mensajes recibidos a raíz de perv_magnet han pasado a engrosar la lista de barbaridades que acumula Mia en la carpeta 'creepiness' de su ordenador.

“Muchos hombres aterrorizados me han escrito cosas del tipo 'Eh, creo que podría haberte escrito algo un poco raro hace siete años. Lo siento de veras'. Tienen miedo de que vaya a publicar sus viejos mensajes”, asegura la violinista.

No obstante, la mayoría de los seguidores que se han puesto en contacto con ella son mujeres que han sufrido experiencias parecidas de acoso en internet y se han volcado con su iniciativa. Al fin y al cabo, se trata, en palabras de Matsumiya, “de demostrar las cosas locas, horribles e inaceptables que las mujeres reciben en la Red”.