Lo primero que debes saber acerca de Mastodon es que esta plataforma de red social es, a diferencia de Twitter, un producto 'demasiado' descentralizado. Tanto que el proceso de registro es algo complejo: si el usuario que trata de registrarte no tiene unos conocimientos técnicos mínimos, incluso puede asustarse al ver una multitud de servidores desde los que es posible hacerlo. Cada uno de ellos tiene un administrador que es capaz de decidir desde qué ajustes permite personalizar al usuario, hasta la temática a la que lo orienta: memes, información política... Todo esto, además, de una forma poco clara para el usuario.

Visto esto cabe pensar que si Twitter -extremadamente más simple- tuvo problemas hace unos años con los procesos de registro, que provocaban que los usuarios aterrizaran en la plataforma pero la abandonasen temporalmente hasta lograr entender el 'qué' y el 'cómo', Mastodon va a quedarse con un nicho de usuarios más avezados tecnológicamente... salvo que algo cambie.

En cualquier caso, y más allá de la filosofía de una red social libre y abierta (que implica que cualquiera pueda conectarse para crear su propio Mastodon), reside la voluntad de crear una plataforma al estilo de Twitter, pero constructiva, donde no haya apología del nazismo, la violación o el sexismo, por poner algunos ejemplos. En el caso de que estos contenidos aparezcan en Mastodon, un equipo de moderadores trabaja de forma activa para atajarlos (nada de algoritmos, sólo personas).

Aquí los tuits no se llaman tuits, sino 'toots', y aunque pueden incluir lo mismo que en Twitter (palabras, enlaces, fotos, vídeos…), permiten explayarse un poco más: hasta 500 caracteres, más del triple que en la red social del pajarito azul.

También es posible controlar la privacidad de una forma más detallada que en Twitter. Mientras que en este último es un “todo o nada” con la opción de proteger la cuenta con el famoso candado, en Mastodon se puede escoger la privacidad de cada 'toot' de forma individual, más al estilo de los estados de Facebook. E igual que con los mensajes privados grupales de Twitter, se pueden crear salas en las que conversar grupalmente de forma privada.

¿Cómo se monetiza una red así? Para lo bueno y para lo malo, mediante donaciones de voluntarios, que aportan cantidades sin retorno para sostener el coste de los servidores. Así que de momento no hay publicidad a la vista.

Si te animas a usarlo, prepárate para entrar a una discoteca vacía pero con música que promete. Sólo el tiempo dirá si para cuando lleguen las dos de la mañana sigue vacía o la gente ya se ha animado a entrar.