Lleva el pelo de punta y un anillo con forma de calavera que no desentona ni con su puesto de trabajo ni con su profesión. Es un chef joven, que ha hecho carrera en Silicon Valley, la cuna de la tecnología, prácticamente de chiripa. Su nombre es Dean Spinks; su cargo, un juego de palabras: 'Executive Chef', un retruécano de los famosos CEOs ('Chief Executive Officer').

Se crió en Georgia, al sur de los Estados Unidos, y dio sus primeros pasos en la cocina de la mano de su madre y su abuela, asumiendo muchas influencias de la gastronomía tradicional sureña. Tras pasar por la escuela de cocina de la Universidad Johnson & Wales, trabajó durante siete años en restaurantes de Charleston (Carolina del Sur), hasta que decidió seguir los pasos de un compañero de fatigas, Josef Desimone, y se marchó a Silicon Valley para tomar parte en la formación del equipo de cocina de Google.

Así comenzó su carrera como chef de las mentes prodigiosas de la tecnología. Juntos, Desimone, Spinks y sus compañeros reinventaron el concepto de comida en el entorno laboral. Si habéis visto la peli 'Los Becarios', ya sabéis a qué nos referimos: bufé libre, todo gratis, sin limitaciones... Todo con tal de captar y retener talento, que cada vez está más complicado.

width=

Fíjate si lo está, que Google acabó perdiendo a sus chefs de referencia. En 2008, Desimone aceptó la oferta de una 'startup' para montar desde cero su sistema de comidas y su cadena de restaurantes. Se marchó a Facebook y se llevó consigo a buena parte del equipo. Entre otros, a Spinks y a la jefa de repostería (conocida como “la princesa del azúcar”). Sheryl Sandberg, que también abandonó la 'gran G' para convertirse en ejecutiva de la red social, tuvo mucho que ver en esta migración.

El caso es que acabaron recalando en Facebook, que hasta entonces había confiado la alimentación de sus brillantes empleados a empresas de catering. Ya eran demasiados. La empresa estaba creciendo a buen ritmo y las contratas no daban abasto. Tenían que abrir comedores y cafeterías en su sede principal, y para ello necesitaban un gran equipo. Desimone, Spinks y compañía eran los mejores.

Ha llovido desde entonces. Desimone perdió la vida en julio de 2013, cuando tenía solo 44 años, en un accidente de moto. Spinks tuvo que hacerse con las riendas del 'negocio', que no es moco de pavo. Hablamos de alimentar a los más de 6.300 empleados que tiene Facebook repartidos por todo el mundo: 48 oficinas, 14 de ellas en Estados Unidos y otras 24 en ciudades como Milán, Berlín o Tel Aviv.

Y Spinks tiene que visitarlas todas. En unos casos para seleccionar el mejor catering y en otros para poner en marcha restaurantes y cafeterías como los que dirige en la sede central de Menlo Park. Allí hay once establecimientos: dos grandes cafeterías que cambian cada día su menú y un buen número de restaurantes que giran sobre un solo concepto (hamburguesas, comida sana, platos mexicanos...).

width=

La oferta de los comedores principales se diseña cada cuatro semanas, porque hacer grandes pedidos a los proveedores sale mucho más barato, y Spinks también tiene que mirar la cartera. Al final, esto de alimentar a los chicos listos de Facebook también es cosa de dinero: por un lado, retiene talento; por otro, si se lo da todo hecho, igual puede rascar 20 minutos más de trabajo de un ingeniero que cobra 80.000 dólares al año. Y eso compensa.

Sale rentable, pero tampoco hay que derrochar. El objetivo es encontrar un equilibrio entre la calidad, la logística (recuerda que hablamos de más de 6.000 personas en tres decenas de países) y la economía. Por eso trabaja, como hacía Desimone, con numerosos granjeros y proveedores locales, que ofrecen buenos descuentos por volumen y, como Facebook es su mejor cliente, permiten que Spinks meta mano en sus procesos.

Él sabe muy bien lo que se hace. Ha viajado mucho para conocer otras gastronomías y la oferta culinaria de Facebook es muy variada, el paraíso de un auténtico 'foodie'. Siempre hay alternativas vegetarianas, veganas y sin glúten, para que todo el mundo disfrute por igual. Las bebidas varían en función del menú que sirvan cada día: si los empleados comen cubano, hay mojitos. Incluso, a veces, los platos tratan de homenajear las recetas de una madre o se bautizan con el nombre del empleado que los sugirió.

width="590"

Por si fuera poco, las diferentes alternativas del menú están etiquetadas siguiendo un código de colores, que las ordena de la más a la menos sana. Además, como referencia, se coloca un plato de exhibición con la ración de comida apropiada para un varón de unos 90 kilos de peso. Es bufé libre, no hay límites, pero sí referencias para que la alimentación de la gente de Facebook sea saludable.

“Hago feliz a la gente. Soy como Santa Claus con cuchillos”, decía Desimone. Ahora, Spinks, que se parece algo menos al afable y bonachón abuelo de la Navidad, cumple con ese cometido ¡Y no veas qué bien lo hace!