Hubo que esperar tres años desde que Facebook compró Instagram hasta que comenzamos a ver una vía de monetización directa en la red social de fotografía por excelencia. A mediados de 2015 llegó la temida publicidad, y todo ha salido distinto a lo esperado desde entonces.

En los primeros tiempos se esperaba algo así como feos banners al uso, que eclipsasen la experiencia tan buena a la que estábamos acostumbrados. Al final, la publicidad llegó de la forma más nativa e integrada posible: fotos o vídeos patrocinados insertados en nuestra propia cronología.

Y además, con un buen porcentaje de acierto: es mucho más fácil que la publicidad que vemos sea de cierto interés para nosotros, ya que Instagram nos conoce lo bastante bien (ejem, Facebook) como para saber qué nos gusta y qué no.

Casi un año después de comenzar a ver aparecer la publicidad en Instagram, es fácil hacer una valoración del movimiento: la adquisición de Instagram por 1.000 millones de dólares fue una operación brillante por parte de Facebook. Las previsiones de Credit Suisse estiman que para este año logrará un beneficio superior al precio total que desembolsó por ella.

Para 2017 se espera que sólo la publicidad 'display' alcance los 2.390 millones de dólares, lo cual supondría una cantidad ligeramente superior a la obtenida por Google y Twitter.

Zuckerberg, que ha demostrado que de tonto no tiene un pelo y es un visionario de la publicidad digital, va a seguir arrollando: ya ha anunciado que Instagram comenzará a activar sus cuentas para negocios en breve.

Lo cual, conociendo al amigo Mark, tiene un destino seguro: muchas más ventas y muchos más comercios pendientes de lo que ocurre con sus clientes en los tentáculos de Facebook. En fin, una vereda hacia el futuro mucho más encimada para la red social por excelencia.