El pasado 16 de agosto Twitter anunció un nuevo récord en su plataforma: durante una retransmisión del anime japonés 'El castillo en el cielo' se alcanzó la impresionante cifra de 143.199 tuits por segundo (TPS). Teniendo en cuenta que lo normal son unos 5.700 TPS, estamos hablando de un pico 25 veces por encima de la media. Parece una barbaridad, ¿no?

Dejadme hacer de abogado del diablo. Yo digo que no. Los TPS, que se están imponiendo como la medida oficial de la repercusión de un evento en Twitter, no son tan representativos como nos quieren hacer creer. De hecho, esta métrica es insuficiente a todas luces y vamos a tratar de demostrarlo.

¿De veras creéis que 'El castillo en el cielo' es un hito con la repercusión mundial de, por ejemplo, la muerte de Bin Laden, un mundial de fútbol o la presentación de un nuevo iPhone? ¿No os resulta extraño que ninguno de estos acontecimientos se hiciera con el récord? Probablemente resultaron de interés para más gente, pero hay un error de percepción del que puedes echar la culpa a los TPS: si hay muchos tuits sobre un determinado tema, aunque casi todos ellos procedan de un reducido grupo de personas, la cifra se dispara. Así de sencillo.

Cuando leas que un determinado acontecimiento "ha revolucionado" o "ha incendiado" Twitter, desconfía. Revisa primero los datos y asegúrate de que la base sea algo más sólida que los tuis por segundo.

Poco más que una estrategia comercial

¿Necesitas más pruebas? Los TPS están bien para medir picos concretos de interés, por ejemplo el éxito de un programa de televisión (aunque luego no siempre cuadra con las audiencias), pero no resultan de utilidad para detectar estados de opinión en temas con un mayor trasfondo. De hecho, Twitter, como herramienta, tampoco. ¿Puedes saber lo que piensa la gente sobre el aborto o la reforma de la educación preguntando al pajarito? Difícilmente.

Hay muchas razones, entre ellas que el perfil demográfico de Twitter es más joven y tecnológicamente competente que la media de la población o que la inmediatez y fugacidad de los tuits se presta más a la primera impresión que a la opinión formada. Los propios responsables de la red social son conscientes de ello y no les preocupa lo más mínimo. Su negocio está en otro lado.

La web de los 140 caracteres lleva tiempo centrada en convertirse en la segunda pantalla de la televisión, la compañera insustituible del consumo televisivo. Han comprado un gran número de 'start-ups' relacionadas con ese sector y han empezado a coquetear con las marcas para que refuercen su publicidad convencional en la tele con anuncios red de 'microblogging'. Ahí es donde entran en juego los tuits por segundo, que encajan perfectamente con la forma de medir las audiencias propia de la televisión.

Costolo y los suyos no sacan adelante una ONG, y menos ahora que parece estar a punto de salir a Bolsa. Twitter es una empresa y como tal tiene que pensar en los anunciantes, que están acostumbrados a llamar a las cosas de una determinada manera. Y, admitámoslo, por poco que a los frikis de la comunicación nos gusten sus TPS, y aunque no sean precisamente un termómetro de la opinión pública, algo deben de estar haciendo bien en San Francisco si la mismísima Facebook ha acabado por copiar su estilo.