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UN ESTUDIO DESVELA UNA NUEVA PATOLOGÍA: EL I-STRESS

Separarte cuatro metros de tu iPhone crea más ansiedad que estar enganchado al móvil

Whatsappitis, text-neck, nomofobia… Las patologías derivadas del uso del móvil ya tienen nueva dolencia. Se llama i-Stress. Un estudio de la Universidad de Misuri lo detalla. Estar a cuatro metros de tu iPhone sin poder consultarlo crea más ansiedad que si estuvieras enganchado al móvil.

Jóvenes probando un iPhone

Getty Images Jóvenes probando un iPhone

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Con este experimento, los científicos quisieron probar la teoría de que los móviles son, cada vez más, considerados como una “extensión de nuestro cuerpo”: muy a menudo, nos despertamos con él, convivimos con él, comemos con él y dormimos junto a él.

La comparación ante este supuesto teórico casi asusta. Imagina que te levantas y un brazo o una pierna no te responde. El grado de ansiedad sería terrible. Bajo este precepto, los artífices del estudio quisieron analizar el grado de estrés al que estaría sometido un usuario separado de su iPhone.

El experimento comenzó así. Los investigadores seleccionan a un grupo de estudiantes de periodismo, les retiran su iPhone y lo ubican en una caja a cuatro metros de distancia, con la excusa de que estaba causando interferencias en los aparatos necesarios para medirles la presión arterial.

La tarea encomendada a estos futuros periodistas es la de culminar dos sopas de letras durante media hora. Mientras, los científicos hacen que cada uno de los móviles suene a los tres minutos del comienzo de la prueba.

Así comienza el calvario de los estudiantes cobaya.

El resultado es que su ritmo cardíaco aumenta. Pierden capacidades cognitivas. Se bloquean. Sienten miedo. Nerviosismo. Malestar. Excitación. Y todo desemboca en ansiedad, mucha ansiedad. No pueden acaba las dos sopas de letras; tampoco son capaces de levantarse y coger el iPhone.

Sufren lo que ya se denomina i-Stress.

“Cuando los usuarios de un iPhone fueron incapaces de responder a una llamada mientras realizaban el pasatiempo, el ritmo cardíaco y la presión arterial aumentaron, incrementó también su angustia y desazón”, explican los artífices del estudio de la Universidad de Misuri, publicado en Journal of Computer-Mediated Communication.

En definitiva, esta investigación asegura que si un usuario se separa de su iPhone, esta separación física le crea más ansiedad que la que se produciría por el “mono” causado por la adicción al móvil.

Más aún, no se trata de un pico de estrés causado por no poder responder a una llamada de teléfono. Va mucho más allá. Cuando el móvil deja de sonar, sus propietarios siguen angustiados, esperando la misma u otra llamada.

Así, el i-Stress solo se reduciría cuando el smartphone regresara a manos de su propietario, según exponen los investigadores de este estudio.

Una vez detectada la dolencia, los expertos avanzan la posible cura. Recomiendan a los dueños de un iPhone que silencien el móvil durante tareas cognitivas, como trabajo, exámenes, etc., con el objetivo de evitar cualquier distracción; y estrés, mucho i-Stress.

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