Esta crisis del coronavirus nos está dejando sobre la mesa el debate sobre los límites que tienen algunos poderes para imponer restricciones a sus poblaciones. En España se ha optado por una medida muy restrictiva, desconocida en democracia, pero que algunos creen que tendrían que endurecerse para ser mucho más efectiva contra la pandemia. Tanto es así que existe una controversia entre quienes piensan que cierto control de la población en estas circunstancias es tolerable, mientras que otros defienden justo lo contrario: no se puede cambiar seguridad por libertad y da carta blanca para que organismos e instituciones puedan conocer telemáticamente dónde nos encontramos en cada momento.

Sea como fuere, la sola existencia de este debate ya es una prueba del estado de derecho en el que nos encontramos, lo que ya nos debería hacer sentir más tranquilos. Sobre todo, si tenemos en cuenta las medidas que se han tomado en otras latitudes y, más recientemente, dentro de la propia Europa, con Rusia a la cabeza donde una buena parte de su lucha contra el Covid-19 tiene que ver con el control de la población.

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Así ha trascendido en los últimos días donde se ha conocido que desde el Gobierno que presiden Vladimir Putin, se ha puesto en marcha un plan que cuenta con más de 100.000 cámaras de reconocimiento facial que pueden identificar ciudadanos rápidamente. El objetivo es comprobar que todos y cada uno de los que deben mantener las reglas de confinamiento lo hacen, con especial intención de perseguir a aquellos que ya han sido detenidos por este motivo.

Cuándo entran y cuándo salen de casa

Una de las medidas que Rusia tomó para combatir la pandemia es la de una reclusión obligatoria de todos los que viajan al país desde el extranjero. Catorce días en los que tendrán que estar aislados para evitar que se conviertan en focos de contagio, y que las autoridades han decidido supervisar gracias a esta red de cámaras con tecnología de reconocimiento facial capaces de identificar a cualquier persona en segundos. Además, las penas que hay en juego no creáis que son poca cosa: todos aquellos que sean ciudadanos rusos podrían enfrentarse a cinco años de cárcel y, en el caso de los extranjeros, a una expulsión inmediata.

Y no creáis que ocultan este plan. El alcalde de Moscú, Sergei Sobyanin, declaró el pasado mes de febrero que "constantemente verificamos que se cumpla esta regulación, incluso a través del uso de sistemas automatizados de reconocimiento facial". Ahora, con la crisis del Covid-19, toda esa red de vigilancia ha pasado a formar parte del operativo para detectar todas esa violaciones de la cuarentena que en los últimos días, y según la Policía de Moscú, han superado los 200 casos.

Este tipo de cámaras no dejan de ser dispositivos de vigilancia equipados, a diferencia de los circuitos cerrados, de motores de inteligencia artificial que escanean de manera constante cada rostro que aparece en las imágenes, identificándolos. Gracias a esa tecnología, es posible trazar un completo recorrido por parte de cualquier persona a la que se decida vigilar. El problema es que para muchos colectivos y asociaciones, esta red podría utilizarse para otras cuestiones más allá de este combate contra el coronavirus.