LA HISTORIA DE CHRIS MCKINLAY

LA HISTORIA DE CHRIS MCKINLAY

El matemático que creó un algoritmo para encontrar al amor de su vida en internet

Si lo de Chris McKinlay no es un 'Do it yourself' de manual, tú nos dirás qué es.

Un algoritmo matemático
Un algoritmo matemático | Agencias

Si quieres encontrar al amor de tu vida en internet tienes una opción rápida: pinchar en todos los emails y banners que te dicen que hay chicos o chicas sexys en tu zona deseando quedar contigo. Aunque a estas alturas quizá ya sepas que no es muy recomendable, ¿verdad?

Otra opción –más compleja, pero qué demonios, más romántica– es recurrir a chats, redes sociales de búsqueda de pareja, aplicaciones para dichos menesteres... Sin embargo, y aunque la casuística puede ser diversa, cada cual tiene su propia experiencia: gente que encuentra pronto a su media naranja, otra que no encuentra nada, otra a la que le salen perfiles que no le entusiasman en absoluto...

Al final, acabas pensando lo mismo: ¿me odiará este maldito algoritmo que sólo me enseña a gente con la que no acabo teniendo 'feeling'?

Operación 'El algoritmo del amor'

Algo así debía de pasarle a Chris McKinley, un jovencísimo matemático estadounidense que en 2014, en su afán por encontrar pareja, vivió varios fracasos hasta que pudo encontrar a quien, por fin, era el amor de su vida para siempre.

La historia es la siguiente: tras una ruptura sentimental con su anterior pareja, Chris decidió abrirse un perfil en OkCupid, una de las redes sociales más famosas para encontrar pareja. Chris eligió OkCupid por un motivo: antes de 'empezar a jugar', esta red te hace varias preguntas sobre tu vida, tu personalidad, tus aficiones, tus hábitos... A continuación, y partiendo de ese completo cuestionario, empieza a sugerirte gente que considera similar a ti.

A Chris esto le gustaba mucho. Él no buscaba un rollo de una noche ni alguien con quien echar cuatro ratos sueltos, Chris buscaba el amor. Por eso, le pareció bien someterse al cuestionario para que el algoritmo decidiera mejor que nadie con quién debía/podía relacionarse.

Sin embargo, la cosa no salió bien: Chris consiguió pocas citas y ninguna de ellas tuvo un buen resultado. Él, que tanto confiaba en los algoritmos por ser matemático, había fracasado en su intento por encontrar el amor.

Sin embargo, nuestro joven protagonista decidió no deprimirse del todo. Si había confiado en un algoritmo, la cosa había salido mal y él era matemático, ¿por qué no probar a construir su propio algoritmo y ver si de esta manera conseguía encontrar el amor? Dicho y hecho: se puso manos a la obra.

Paso 1: doce perfiles para recopilar datos

La primera misión de Chris era compleja: comprender de qué manera funcionaba el algoritmo de OkCupid: a qué información se le daba más importancia, a cuál menos, qué hacía la red social ante un encuentro positivo o negativo, qué información le hacía aparecer ante más o menos gente, de qué manera recibían las chicas su perfil...

Para ello, el matemático se creó nada menos que doce perfiles falsos que iban interactuando de manera semiautomática y con diversas características, personalidades, trabajos, aficiones... El objetivo de Chris era que todos estos bots le diesen información suficiente sobre el algoritmo de OkCupid

Paso 2: el perfil definitivo

Tras el primer paso, Chris McKinley creó dos perfiles distintos de sí mismo, destacando en cada uno cosas distintas. Eso sí, nuestro protagonista creía en el amor verdadero, así que no quería engañar a nadie: toda la información que daba era cierta, tan sólo decidía de qué manera resaltaba unas facetas frente a otras en cada perfil.

Al final, el resultado del experimento fue un triunfo total: de repente, Chris vio que sus perfiles tenían una aceptación muchísimo mayor entre las mujeres y sus solicitudes de citas empezaban a aumentar. Estaba claro que la misión había sido un éxito.

Por si te interesa conocer el final de la historia, sí, Chris acabó encontrando una pareja, y no una cualquiera: Christine y él no sólo se enamoraron en la primera cita, sino que, a día de hoy, están felizmente casados. Chúpate esa, internet.

C. Otto | @ottoreuss | Madrid | 09/09/2016

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