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EL CURIOSO CASO DE LA 'LADRONA DE PERFILES'

Leah Palmer, la 'celebrity' que sólo existió en internet

"Hola, me llamo Leah Palmer. Tengo veintitantos años y estoy soltera. Vivo una vida a todo trapo en Dubai. Me gusta ligar por internet... ¡Ah! Y se me olvidaba, no existo".

¿Quién es esta chica? ¿Leah o Ruth Palmer?

Ruth Palmer ¿Quién es esta chica? ¿Leah o Ruth Palmer?

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“¿Has visto esta imagen? ¿Sabes de quién es?” Estas dos preguntas llegaron en forma de mensaje hasta Ruth Palmer desde el móvil de una amiga. La foto en cuestión no tenía nada de especial. Era ella con unos amigos de la universidad hace años... Pero, un momento... Es una captura de pantalla de una cuenta de Instagram... con su apellido pero con el nombre de 'Leah'. Y, por supuesto, no creada por ella.

Descubrieron de repente que era toda una 'celebrity', con cientos de seguidores. Se autodenomina diseñadora de moda y tiene en su feed fotos de ella en todo tipo de situaciones: con su marido, Benjamin Graves, con amigos... De hecho su actividad en las redes sociales es más que activa.

A la Palmer (que no es la Laura de David Lynch en 'Twin Peaks', ni Ruth, la verdadera) te la has podido encontrar chateando en Facebook, tuiteando, e incluso en Tinder. Porque sí, ha tenido sus escarceos amorosos (incluyendo a un golfista profesional y a un DJ de renombre internacional) e incluso hizo que un chico dejara a su novia por ella... Por Leah, por la falsa Leah.

La auténtica está casada con el hombre que la farsante denomina 'un molesto exnovio' para evitar las preguntas incómodas sobre por qué aparece en las fotos con ella. Es británica y vive en Dubai. Tiene perfil en Instagram pero sólo cuenta con 140 seguidores, sus cuentas son privadas... Y aún así no ha podido librarse del temido robo de identidad en internet.

A partir del descubrimiento fortuito de toda su vida expuesta falsamente por otra persona, emprendió una carrera detectivesca contrarreloj: “¿Quién tendría interés en hacerse pasar por mí y en abrir otras cuentas falsas con fotos de mis amigos y familiares y hacerlas interactuar entre ellas?”.

A través de Skype consiguió contactar con algunos de los hombres con los que había ligado su otro yo y constataron que cuando hablaron con Leah tenía, efectivamente, un acento y una voz completamente diferentes a las de Ruth. Primera pista.

La segunda, el teléfono que les daba para que contactaran con ella. Rauda y veloz lo marcó pero sólo alcanzó a decir “hola” antes de que su némesis le colgara. Sólo unos días después, el número ya no existía.

Desde ahí, un callejón sin salida. Al no haberse cometido ningún delito, ni los administradores de las redes ni la Policía podían hacer nada aunque sospecharan que quien se hubiera tomado tantas molestias para tejer tal red de mentiras lo hubiera hecho con un fin criminal de algún tipo (pedir dinero a sus contactos, por ejemplo). Sólo si la (o le) encuentran podrían ir contra la violación del copyright de las imágenes de Ruth.

Lo más incómodo de esta historia, a parte de lo obvio (que hagan de ti todo un personaje de internet con una vida paralela a la tuya) es la sensación de que la (o el) culpable sea alguien conocido que sepa perfectamente quién es Ruth, quiénes son sus círculos íntimos. Un caso más de lo que se conoce como 'Catfish', un fenómeno que incluso tiene su propio programa en la MTV.

Quien quiera quedarse tranquilo y ver cuántos dobles tiene (aunque sea para hacerse amigo de uno mismo o por comprobar si a estas alturas te has convertido en príncipe o rapero) puede comprobar sus fotos a través de tineye.com o del buscador de imágenes de Google. Que la suerte os acompañe.

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