Cuando Steve Jobs y su equipo de ingenieros tenían culminado el ‘proyecto bicicleta’ –un programa secreto en el que llevaban trabajando años-, solo faltaba dar un golpe de efecto para asustar a su rival IBM. Apple necesitaba un spot que creara tal expectación en el mercado que todo el mundo deseara un… Macintosh.

Era casi 1984, año que dio título a la novela de George Orwell, y fecha que una agencia de publicidad aprovechó para vincular con el nuevo bebé de Apple. “Por qué 1984 no será como 1984”. Ese fue el eslogan que luego vertebró un spot televisivo que dirigiría el mismísimo Ridley Scott.

El anuncio se emitió en el intermedio de la Super Bowl y fue un éxito. Una joven rebelde con un martillo, que escapaba de la policía, lanzó la maza contra la pantalla del Gran Hermano. El spot dejó a los espectadores boquiabiertos y tuvo tal efecto mediático que todo el mundo especuló con lo que iba a lanzar Apple. ¿Un Macintosh?

Desde aquel momento, cada rumor, cada movimiento, cada presentación de Apple crea una expectativa difícil de eludir. El ordenador personal que pergeñó Steve Jobs pasaba su primera prueba. La segunda aconteció aquel 24 de enero de 1984.

Steve Jobs preparó la música para la presentación de lo que hoy Apple nos tiene acostumbrados de vez en cuando, sus famosas keynotes. Esta vez era en un reunión de accionistas de la compañía. El auditorio estaba abarrotado con casi 3.000 personas.

Jobs quería que la música de 'Carros de Fuego' saliera del primer Macintosh durante su puesta de largo. Sin embargo, algo le sedujo más. Un miembro de su equipo, Andy Hertzfeld, programó un generador de voz  para que aquel nuevo artefacto de Apple hablara por sí mismo.

Cuando Steve Jobs se subió al escenario, vestía una chaqueta azul, camisa blanca y una pajarita verde. Dio unos pasos y levantó una bolsa de tela.

“Me gustaría mostrarles el Macintosh en persona”, dijo. Luego, sacó el ordenador y le conectó el ratón y el teclado. Enseñó también un disquete, mientras sonaba por megafonía 'Carros de Fuego'.

El público enmudeció cuando en la pantalla grande del auditorio apareció la palabra Macintosh, el programa de Quick Draw, documentos, una hoja de cálculo o un juego de ajedrez.

Justo en ese momento, Jobs quiso enseñar las funcionalidades de su nueva obra a toda aquella audiencia enfervorecida. Sin embargo, dejó que fuera aquel primer Mac quien se presentara el mismo con voz metálica gracias al programa de Hertzfeld.

“Hola. Soy Macintosh. Cómo me alegro de haber salido de esa bolsa”, dijo el Mac.

Vítores y aplausos.

Lo demás, es historia de la tecnología, como así lo relata Walter Isaccson en la biografía del fundador de Apple.

Los que estuvieron ese 24 de enero de 1984 en aquel auditorio, recordarían toda la vida, seguramente, las palabras siguientes que pronunció aquel pionero Macintosh.

“Me gustaría compartir con ustedes una idea que se me ocurrió la primera vez que conocí a uno de los ordenadores centrales de IBM”, dijo la voz metálica del Mac.

Más vítores, más aplausos.

A continuación, añadió:

“Nunca te fíes de un ordenador que no puedas levantar”.

Y se desató la euforia.

Durante la presentación oficial posterior, un periodista se acercó y le preguntó a Steve Jobs qué tipo de investigación de mercado había encargado para saber que aquel artilugio triunfaría.

“¿Acaso Graham Bell realizó un estudio así antes de inventar el teléfono”, respondió burlón el fundador de Apple.