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¿DESDE DÓNDE FACTURAN LAS TECNOLÓGICAS?

Cómo pedir una factura a Apple y creer que pasas pantallas en un videojuego

Apple presume de ser una de las compañías tecnológicas que más evangeliza a sus clientes. Te venden, te asesoran, te recuerdan, te informan de todos sus novedades con esmero. Pero, ¿qué sucede cuando pides factura por comprar una app?

Apple

EFE Apple

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La vida, a menudo, se parece a un videojuego. Y ganar es posible siempre que te dirijan desde el principio hasta el final, según pasas de una, a otra y a otra pantalla. O, por lo menos, así es como te sientes cuando llamas a Apple y le solicitas una factura.

En sus tiendas físicas, compras y dentro de la bolsa tienes dicha factura. En su tienda online, sucede todo esto: ten paciencia.

Compro, como digo, una aplicación. Me la descargo y pago vía tarjeta de crédito los 0,89 euros. Como suele suceder entre la mayoría de tecnológicas no ubicadas en España, Apple te emite un… recibo.

Dicho recibo cuenta con un aviso en su parte inferior: “Esto no es una factura con IVA”.

Web de ITunes Apple

Me suena, porque ya me sucedió con Amazon. Llamo al número de atención al cliente de Apple. Me atienden rápido, solo que tienen que pasarme con el departamento de iTunes.

“¿Está usted delante del ordenador?”, me pregunta el teleoperador. Y así comienza un periplo más parecido a un videojuego que a la petición de una factura.

El empleado de Apple me va guiando por diferentes secciones de la web de la compañía, desde su página de inicio hacia varias subsecciones para así reclamar lo que presumiblemente me deberían dar tras mi compra. En mi navegador web, se han abierto ya más de cinco pantallas, una tras otra.

Solicitar Factura Apple

Por fin, llego a “Compras, facturación y canje”. Clico y tengo acceso a un ¡formulario de petición de factura!

Soy pertinaz. Envío el formulario con los datos de mi pedido. En ningún momento, me solicitan ni NIF ni nombre ni dirección. Imagino que, como me tienen fichado gracias a mi ID, los tendrán en su base de datos.

A continuación, se confirma. Apple es una compañía muy eficaz. Y no es broma. En pocos minutos me llega un correo electrónico en el que se me informa de que… mi factura está solicitada.

Unas horas más tarde, una empleada de Apple –a ella asignan mi petición- me vuelve a escribir y me remite un pdf con mi esa supuesta factura. “No es una factura”, le respondo. “Es el mismo recibo que no es válido como factura porque no tiene IVA que ya tenía”.

Ah, me pide disculpas (todo por mail). Y me solicita mis datos fiscales. Eso sí, me recuerda su horario de trabajo y se despide deseándome un feliz día. Amabilidad extrema, pienso.

Y zas, al día siguiente me llega por correo electrónico la factura solicitada por la compra de mi aplicación.

Apple me factura desde su domicilio fiscal en Luxemburgo. En el Gran Ducado, la compañía de la manzana opera bajo la denominación iTunes SARL. Y la factura cuenta con base imponible, y el 15% correspondiente de IVA luxemburgués; es decir, un impuesto muchísimo más bajo que el 21% de IVA español.

“Espero esta información te sea útil. Si tienes más preguntas o algún contratiempo por favor no dudes en volver a contactarme. ¡Gracias por ser parte de la familia Apple!”, finaliza el correo electrónico en el que me llegó mi factura.

Última pantalla. Y pienso si, de verdad, he ganado el videojuego o no. Creo que sí, aunque nunca se puede estar seguro de nada.

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