Aunque aún son minoría, cada vez son más las personas que, a la hora de pasar unos días fuera de su ciudad, prefieren dejar de lado al tradicional hotel en beneficio de los nuevos alquileres vacacionales llevados a cabo por particulares. Unos alquileres que, además, se están viendo significativamente beneficiados por las diversas plataformas que ponen en contacto al visitante con el lugareño local que alquila su vivienda durante unos días.

Y es que, ¿por qué vas a ir a un hotel cuando, por bastante menos dinero, puedes alquilar un apartamento o casa entera con todo lujo de complementos? Los hoteles van perdiendo la batalla paulatinamente, y gran parte de la 'culpa' la tienen plataformas como airbnb9flats, que convencen tanto al turista que quiere ahorrar dinero como al individuo que quiere ganarse unos euros extra alquilando su primera o segunda vivienda.

El fiscal de Nueva York, contra airbnb

Sin embargo, no parece que la transición del hotel al alquiler particular vaya a ser pacífica, ni mucho menos. A mediados de noviembre del año pasado el fiscal general de Nueva York exigió a airbnb entregar los datos de 15.000 usuarios de su plataforma que alquilan camas, habitaciones o viviendas, todo ello dentro de una investigación que el Estado de Nueva York ha iniciado contra el alquiler particular de este tipo de plataformas, a las que acusa de llevar a cabo prácticas abusivas.

En general, son varios los frentes abiertos que estas plataformas tienen en Estados Unidos. En este caso particular, su ventaja reside en las competencias autónomas de cada estado, que debe decidir cómo afronta el tremendo auge de este tipo de alquileres frente a las protestas de las cadenas hoteleras, que reclaman la posible existencia de una competencia desleal.

Comienza la guerra en España

¿Y en España? ¿Está tan extendido este uso? No tanto como en Estados Unidos, evidentemente, pero su crecimiento es exponencial. A día de hoy, airbnb gestiona más de 47.000 alojamientos en nuestro país a partir de 25 euros la noche. Las cifras no son solo de disponibilidad, sino también de tasa de éxito: en el último año, la plataforma ha gestionado más de un millón de noches de alquiler vacacional particular en nuestro país.

Estas cifras ya han puesto en pie de guerra a las cadenas hoteleras, que se suman a las americanas a la hora de acusar a estas plataformas de fomentar una competencia desleal y ejercer unas prácticas abusivas para su lobby. Tanto es así que el Congreso y el Senado estudiaron a lo largo de 2013 un texto que dejaría de amparar este tipo de alquileres.

Entre la competencia desleal y el vacío legal

Hasta mediados del año pasado este tipo de prácticas venían regidas por la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU), que amparaba “la cesión temporal de uso de la totalidad de una vivienda amueblada y equipada en condiciones de uso inmediato, comercializada o promocionada en canales de oferta turística y realizada con finalidad lucrativa, cuando esté sometida a un régimen específico, derivado de su normativa sectorial”.

Sin embargo, y tras la aprobación por parte del Congreso del Proyecto de Ley de medidas de flexibilización y fomento del mercado del alquiler de viviendas a finales de mayo de 2013, este tipo de alquileres salieron de la LAU y quedaron a disposición de la legislación de cada comunidad autónoma, que puede establecer las condiciones pertinentes para poder llevar a cabo un alquiler vacacional a cargo de un ciudadano aislado.

La aprobación de estas modificaciones legislativas plantea ahora nuevas preguntas: ¿Disminuirán los alquileres particulares con motivo vacacional? ¿Se podrá frenar esta práctica en evidente crecimiento? ¿O, por el contrario, nos hemos cargado la poca regulación que había y lo hemos arrojado a la economía sumergida?

Son varias las preguntas, y algunas respuestas ya las estamos conociendo. Por el momento, lo único cierto es que el alquiler vacacional particular sigue creciendo como la espuma.