Los escritores indies, aquellos que se autopublican, llevaban meses muy, muy, enfadados. Sus ingresos se habían desplomado después de que sus novelas compartieran la venta pura con la lectura de pago en los servicios de tarifa plana (Kindle Unlimited) y alquiler de libros (Kindle Owners Lending Library -KOLL-) de Amazon.

Sin embargo, los escritores se han dado cuenta de que no es lo mismo cobrar un buen porcentaje por copia vendida que la incertidumbre de ingresos de un bote común, según sea el número de suscriptores de ambos servicios (Amazon no paga por reproducción, como Spotify).

Muchos de esos autores indies demostraron su descontento e incluso se planteaban abandonar la plataforma de publicación y distribución de e-books de Jeff Bezos.

Sin embargo, Amazon ha sofocado el conato de rebelión con una promesa. A partir del 1 de julio, les pagará a dichos escritores por página leída, y no por copia despachada bajo descarga, si así lo desean. Y Amazon ha vendido su respuesta a esta sorda rebelión indie como una estupenda revolución para el sector editorial.

Así, los escritores podrán incorporar sus e-books a este nuevo reparto de ingresos de manera voluntaria o bien probarlo y desactivarlo desde Kindle Direct Publishing, la pasarela de autopublicación de sus libros electrónicos.

Algunos analistas han llegado a pronosticar que este nuevo programa puede cambiar de manera radical, no solo el concepto de pago por copia, sino también la forma de escribir de los novelistas digitales, que hasta ahora apostaban por novelas cortas y seriadas para mantenerse en la lista de novedades más tiempo.

Posiblemente, los textos narrativos tendrán más artificios que enganchen en los últimos capítulos a los lectores, más prolepsis -situaciones inacabadas o promesas de sucesos venideros-, como aquellos antiguos folletines decimonónicos o los cebos televisivos contemporáneos.

Incluso avisan de que los autores indies pueden retroceder hacia formatos larguísimos, donde cada capítulo se estira y estira, como algunos novelones que los editores encargan a los escritores de papel para “crear lomo” y vender sus obras impresas a más de 25 euros.

Sin embargo, lo que no permitirá Amazon es trampear los manuscritos para incorporar gráficos, ilustraciones, fotos o tipografía de tamaño gigante, para sumar más páginas de las reales. De hecho, la plataforma online informó de que establecerá un algoritmo de control -KENPC- para evitar dichas prácticas en los e-books.

Si este sistema de royalties de Amazon se convierte en un estándar –o no-, y tanto autores indies como editores lo adoptan, la tienda de Jeff Bezos acabará con el ‘concepto de libro’ como obra literaria, para así vender su fragmento: la página.

Si no triunfa, y regresan los tambores de indignación indies, lo que está en peligro será la fórmula de tarifa plana que el mundo del libro importó de la música, vía Spotify. Porque el gremio indie ha puesto de manifiesto que le lectura ilimitada con cuota mensual y el alquier de libros no es complementario con la venta bajo descarga.

Todo dependerá, en definitiva, de si los escritores ganan más –o no- con este ‘novedoso’ modelo que con el antiguo régimen, el de siempre.

Mientras tanto, lo que queda claro es que el pago por página no es una revolución, sino más bien una rectificación disfrazada de la mencionada prolepsis (promesa), que tampoco ha caido muy bien entre el colectivo indie.

"Este movimiento se parece mucho a aquella escena de la película Bananas, de Woody Allen", nos explica un escritor de la denominada generación Kindle.

La escena en cuestión hace referencia a cuando el barbudo y victorioso líder revolucionario sale ante una multitud enfervorecida y les dice, después de apartar el habano de sus labios:

-Soy vuestro nuevo presidente. A partir de hoy, el lenguaje oficial de San Marcos será el sueco y cada ciudadano deberá cambiarse la ropa interior cada hora y media.