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TRAS LA SALIDA DE TWITTER DE LA HIJA DE ROBIN WILLIAMS

Bloqueo colaborativo: todos a una contra los trolls de Twitter

Listas negras de usuarios con antecedentes de ciberacoso o conducta inapropiada. Esa es la solución que han encontrado algunos usuarios, por su cuenta y riesgo, al gravísimo problema de los trolls en Twitter. La empresa, por su parte, por fin ha prometido acciones contundentes.

Ya no tienes excusa para aguantar plastas en Twitter

TecnoXplora Ya no tienes excusa para aguantar plastas en Twitter

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David G. Ortiz | @gomezortiz | Madrid
| 19.08.2014 01:08

Lo han prometido. Los responsables de la red social de los 140 caracteres han prometido parar los pies a los trols que hieren impunemente al prójimo en sus dominios. Ha tenido que suceder otra tragedia, una con tirón mediático, para que decidan tomar cartas en el asunto. Lo habrás leído: Zelda, la hija de Robin Williams, ha abandonado Twitter de forma indefinida por culpa del ciberacoso.

Unos desalmados empezaron a mandarle fotos modificadas de su padre, simulando ser parte de una autopsia. Desagradable y absurdo. Cuando recibió la imagen, Zelda lanzó un grito de auxilio a su seguidores: “Estoy temblando. No puedo. Por favor. Twitter exige un enlace y yo no puedo abrirlo”. Sus fans y los de su padre, por supuesto, se volcaron con su causa. Y así, poco después, la red social salía al paso de la polémica.

“No vamos a tolerar abusos de esta naturaleza en Twitter”, dijo en un comunicado Del Harvey, vicepresidenta de la compañía encargada de luchar contra los trolls que campan –a menudo a su anchas– por la red de microblogging. “Estamos en proceso de evaluar cómo podemos mejorar nuestras políticas para gestionar situaciones como estas”.

Ojalá suceda tal como lo han prometido, y ojalá suceda pronto. Mientras tanto, la mejor forma de combatir a los desagradables trolls va, precisamente, por la línea que siguió Zelda Williams: la unión de los usuarios hace la fuerza. Hablamos del bloqueo colaborativo, algo así como la versión 2.0 de las patrullas ciudadanas. La diferencia es que, en este caso, en lugar de proteger un vecindario vigilan esa corrala gigantesca y ruidosa que es Twitter.

Ciberprotector

Cuando te toca la negra de un ciberacosador, cuando empiezas a recibir insultos o amenazas, tienes la opción de bloquear al usuario, pero en la práctica no sirve (casi) para nada. El troll, si es persistente, se abrirá tantas cuentas nuevas como veces bloquees las anteriores. Además, pueden actuar en grupo y tú probablemente estés solo. Hace falta algo más, hace falta una reacción colectiva y en cadena. Hacen falta muchos ojos porque siempre ven más que dos.

Ahí es donde encuentra su sentido el bloqueo colaborativo, que funciona de una forma muy parecida a los avisadores de radares, cada vez más populares en Twitter y WhatsApp. Los usuarios se suscriben a una lista de la que forman parte todos los voluntarios de la patrulla antitrolls, y allí van denunciando a cada uno de los ciberacosadores que encuentran para que toda la comunidad los bloquee (o los silencie, o lo que decidan) de manera inmediata. Se trata de desactivar al troll a gran velocidad y de frustrar su intento de crear cuentas nuevas.

Trol

Todo esto se vuelve aún más interesante cuando está automatizado, a partir de webs o aplicaciones como el proyecto de código abierto The Block Bot, que hace todo el trabajo sucio por ti, o las muy similares Block Together y Flaminga (ambas en desarrollo).

A pesar de sus ventajas evidentes, estas comunidades también arrastran su cuota de polémica ¿Ejercen la censura? ¿Atentan contra la libertad de expresión? Tal vez, pero al mismo tiempo protegen los derechos quienes deciden formar parte de ellas, que ya están hartos de aguantar a ciertos energúmenos en las redes sociales.

Si Twitter no frena pronto a los trolls, las patrullas de bloqueadores ciudadanos pueden volverse el pan de cada día por pura y simple necesidad de los usuarios.

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