No es la primera vez que el ecosistema Mac se enfrenta a un cambio tan radical como el que parece que se avecina, y que se dará a conocer durante la WWDC 2020 online a partir del 22 de junio. Hace ya algunos años, en 2005, todos los ordenadores de la manzana mordida dejaron atrás aquellos nefastos procesadores PowerPC por los chips de Intel que montan desde entonces. ¿Qué supone una transformación de este calado?

Cambiar el procesador es como quitarle el cerebro a un ordenador y ponerle otro que habla un idioma diferente. Eso es justo lo que, según Bloomberg, va a hacer Apple a partir del año que viene cuando todos esos Intel Core i3, i5 e i7 desaparezcan para dar paso a chips ARM. Otra arquitectura y otra forma de trabajar que traerá consigo tantas ventajas como inconvenientes, sobre todo en el corto plazo.

¿Convergencia de dispositivos?

La principal idea que nos viene a la cabeza con este cambio es que Apple podría estar buscando en el medio plazo la convergencia absoluta de todos los dispositivos que tiene ahora mismo a la venta. Tanto el iPhone como los iPad trabajan ya con chips con arquitectura ARM, por lo que llevar también sus ordenadores a ese territorio supondría una mayor interacción entre todos. ¿Tal vez un único sistema operativo para instalarlo en nuestro móvil, tablet y portátil?

Otra de las ventajas de esta tecnología ARM es que los chips llegarán con hasta 12 núcleos, tecnología de fabricación de 5nm. y un rendimiento superior a los SoC de Intel que llevan actualmente los MacBook Air, con una eficiencia energética también mucho mayor. Esto último es fundamental cuando hablamos de dispositivos portátiles porque la autonomía se vería sensiblemente incrementada. Por cierto, el primero de esos modelos que se atreverá a pasearse por el universo ARM será el MacBook de 12 pulgadas.

Windows 10 | Photo by Tadas Sar on Unsplash

Pero claro, en un lado están las ventajas y en el otro los problemas. El más inmediato es que, salvo que Apple desarrolle algún tipo de herramienta que facilite el trabajo, o permita una emulación, todos los desarrolladores que tienen aplicaciones para procesadores Intel en Mac tendrán que adaptarlas a ARM. Y eso significa perder una buena cantidad del software desarrollado para macOS X en los últimos años, lo que incluye videojuegos, utilidades, etc. Este tipo de cambios afectarán, sobre todo, a aquellos programas que no cuenten con soporte pero que sigan funcionando en esos chips de Intel, lo que hará inviable su utilización en los nuevos ordenadores.

¿Y Windows 10? Aunque existen versiones del OS de Microsoft para procesadores ARM, padece también esos problemas de compatibilidad de aplicaciones que deben que adaptarse a la nueva arquitectura. Por suerte existe una Surface X en el mercado, que instala una versión ARM de Windows 10 pero la duda no está ahí, sino en saber si los de Cupertino quieran mantener su Boot Camp, esa suite de herramientas, aplicaciones y drivers que permiten tener Windows instalado en un Mac.