CIENCIA

Reducir el sodio en los alimentos preparados beneficia la salud cardíaca

Es la conclusión de dos estudios realizados en Europa con el objetivo de disminuir el consumo inadvertido de sal.

Sal del himalaya

Sal del himalayaMonicore I Pixabay

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Una de las máximas de la salud y la alimentación la postuló, unos 500 años atrás, Paracelso. A simple vista parece sencilla, pero por ello mismo tiene una enorme veracidad. Y actualidad. "La dosis hace el veneno", afirmaba este médico suizo y subraya un principio fundamental de la toxicología: cualquier sustancia puede ser tóxica o beneficiosa dependiendo de la cantidad. Esos es precisamente lo que ocurre con el sodio o más precisamente con su hermano menor y más conocido: la sal.

El cuerpo humano necesita sodio de forma imprescindible para regular el equilibrio de líquidos, la función muscular y la correcta función de las neuronas. Pero, "hablando en Paracelso" en la dosis adecuada. El sodio forma parte de la sal de mesa (cloruro de sodio), y aunque se necesita en cantidades mínimas, la ingesta promedio actual a nivel global es más del doble de lo recomendado por organismos sanitarios. La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que los adultos consuman menos de 2.000 mg de sodio al día –equivalente a unos 5 g de sal– para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular, incluyendo infartos y accidentes cerebrovasculares. Ahora, dos nuevos estudios realizados en Francia y el Reino Unido sugieren que cambios pequeños en los alimentos preparados podrían traducirse en beneficios enormes para la salud pública.

Sin embargo, cambiar los hábitos dietéticos de millones de personas es un desafío: decirle a cada individuo que consuma menos sal no suele ser suficiente, porque gran parte del sodio que ingerimos proviene de alimentos procesados, comidas rápidas y alimentos preparados fuera de casa. Y esa es la diana de los dos estudios: ¿qué pasaría si los alimentos ya preparados tuvieran menos sal?

Los autores emplearon modelos matemáticos para estimar el impacto que tendría reducir el contenido de sodio en alimentos habituales sin necesidad de que las personas cambien voluntariamente su comportamiento.

En Francia, el enfoque se centró en reducir la sal de los panes tradicionales como las baguettes, que pueden aportar hasta una cuarta parte del consumo diario de sodio de un adulto. Los autores, liderados por Clémence Grave estimaron que, si se alcanzaran los objetivos de reducción de sal en estos productos, la ingesta de sodio diario podría disminuir en 0,35 g por persona, lo que se traduciría en 1.000 muertes cardiovasculares menos cada año.

En el Reino Unido, simulaciones similares sugirieron que, si los objetivos de reducción de sal en alimentos envasados y comidas para llevar se cumplieran, el consumo medio podría caer un 17,5 %, lo que podría evitar 100.000 casos de enfermedad cardíaca isquémica y 25.000 accidentes cerebrovasculares en los próximos 20 años.

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Salero | iStock

"Este enfoque es particularmente poderoso porque no depende del cambio de comportamiento individual, que a menudo es difícil de lograr y mantener – explica Grave en un comunicado -. En su lugar, crea un ambiente alimentario más saludable por defecto."

Es importante subrayar que este tipo de políticas no pide a cada persona que decida conscientemente reducir la sal de su comida: modificar la composición de los alimentos disponibles puede generar beneficios de salud a gran escala. Esa lógica da mayor peso a las estrategias de salud pública que a los consejos aislados que cada individuo recibe en la consulta médica.

"Sabemos que la enfermedad cardiovascular es una de las principales causas de muerte… así que cualquier reducción en la ingesta de sodio y en la presión arterial podría dar lugar a mejoras importantes, especialmente si se combina con esfuerzos de educación y políticas alimentarias más fuertes", añade Lauren Bandy, coautora del estudio realizado en el Reino Unido.

Está claro que reducir el consumo global de sal no solo incide en la presión arterial, sino que puede disminuir eventos cardiovasculares, mejorar la elasticidad vascular y reducir la mortalidad relacionada con enfermedades del corazón. Cada gramo extra de sodio diario se asocia con un incremento medible en la presión arterial y en el riesgo cardiovascular, mientras que niveles más bajos se han relacionado con menores riesgos de accidente cerebrovascular y mortalidad.

El desafío es cómo alcanzar estas reducciones: no basta con recomendaciones dietéticas. Por eso, ambos estudios subrayan la importancia de políticas coordinadas, donde gobiernos, industria alimentaria y profesionales de la salud trabajen para que los productos que consumimos contengan menos sodio de manera predeterminada.

Pero no es tan sencillo. La dosis hace al veneno… y al humano. La necesidad de sal no es una tabla que vale para todo el mundo. Depende de la edad, si practica deportes, antecedentes médicos. La reducción de sodio en los alimentos preparados evita un consumo involuntario, el resto (el consumo en el hogar) es una resolución individual.

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