La cerveza es una de las bebidas alcohólicas más consumidas del mundo. Este líquido color ámbar proviene comúnmente de los granos germinados de la cebada, aunque puede estar hecho de otros cereales como el trigo o el arroz. Estos ingredientes se fermentan con agua y levadura para después ser aromatizados con lúpulo, una planta herbácea que aportará el amargor y el sabor propio a cada variedad de cerveza.

Además, esta bebida no destilada y de sabor amargo tiene múltiples variedades y sabores. La hay sin alcohol y con distinta graduación etílica, de entre 3º y 30º. También puede ser rubia o negra y, dependiendo de si su malta ha sido tostada o no, tendrá un sabor distinto cada variedad. Existen cervezas con un ligero sabor a limón, pero también se venden otras variedades de sabores, como cereza, frambuesa o mango.

La cerveza es considerada gaseosa porque contiene dióxido de carbono (CO2) disuelto en ella. Este compuesto se manifiesta en forma de burbujas cuando la cerveza se encuentra a temperatura ambiente y, además, suele estar acompañada por espuma blanca en su parte superior. Esta espuma puede ser más o menos persistente dependiendo de la variedad de cerveza que sea.

A la hora de consumir la cerveza, esta se sirve fría y en una copa o jarra. Aunque también hay quien la prefiere beber directamente desde el botellín. Lo malo es que, si uno no está atento, alguien puede golpear su botellín contra otra cerveza y hacer que esta se salga de su recipiente y se desperdicie. Esto puede ser una broma para el que lo hace, pero puede provocar más de un enfado si la persona que pierde su cerveza no se lo toma muy bien.

Si no sabes por qué ocurre este fenómeno, en el tutorial en vídeo de la parte superior te explicamos las razones por las que la cerveza se sale de su botellín cuando se le golpea en el cuello.

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