La mejor manera de aprender sobre nuestro planeta, estudiándolo en detalle, es alejándonos de él. Es una paradoja que hemos podido comprobar desde que en la década de 1950 comenzáramos a mandar al espacio los primeros satélites.

Ahora ya nos orbitan más de 8.300 de estos cacharros, algunos fuera de servicio, pero muchos de ellos nos siguen regalando información cada vez más valiosa con sus renovadas posibilidades.

En ese contexto, la Agencia Espacial Europea (ESA) lanzó el programa Living Planet para estudiar desde varias perspectivas distintas la realidad de la Tierra: campos de gravedad, humedad del suelo y salinidad, capas de hielo, magnetismo, dinámica atmosférica, formación de nubes y biomasa.

Tres misiones ya están en marcha y otras tantas se lanzarán al espacio en los próximos años, hasta 2016, en que el Living Planet estará funcionando a pleno rendimiento.

Las imágenes de la fotogalería muestran toda la potencialidad de estas misiones de observación de la Tierra con satélites: visualización de información urbana, estado de cauces de ríos, el grosor de la capa de hielo del Ártico, el primer mapa global de la vegetación, la situación tras las inundaciones en Europa, la fertilidad de los campos agrícolas o, por ejemplo, el estallido de la vegetación microscópica marina.