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SOLO NOS FIJAMOS EN LO QUE QUEREMOS

Por qué la gente se vuelve loca con las predicciones de un pulpo o un gato sobre el Mundial de Fútbol

El pulpo Rabio, digno sucesor de Paul, acertó los resultados de los partidos de Japón en el Mundial de Rusia. Un sesgo cognitivo hace que nos entusiasmemos con los vaticinios futbolísticos de los animales.

Pulpo

Agencias Pulpo

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Un gigantesco pulpo llamado Rabio predijo hace unos días que Japón pasaría la fase de grupos en el Mundial de Fútbol: movió sus tentáculos para indicar la victoria japonesa frente a Colombia, el empate contra Senegal y la derrota ante Polonia.

Sin embargo, el cefalópodo acabó troceado y vendido en un mercado antes de que pudiera pronunciarse sobre el partido de la selección nipona contra Bélgica, que acabó dejando a Japón fuera del Mundial.

No es la primera vez que los aficionados se entusiasman con las supuestas dotes adivinatorias de un pulpo. El fallecido Paul, que vivía en Alemania, se hizo famoso por pronosticar los resultados de algunos partidos en la Eurocopa 2008 e incluso predijo la victoria de La Roja en Sudáfrica.

Por su parte, un gato llamado Aquiles se ha decantado recientemente por un cuenco de comida con la bandera rusa, lo que fue tomado como una predicción de la victoria de esa selección frente a Arabia Saudí, además de acertar con otros resultados de este Mundial.

Ahora bien, ¿por qué nos entusiasman tanto las elecciones de estos animales y nos fiamos de sus oráculos?

En buena medida, que creamos que los pulpos o gatos son pitonisos se debe a lo que se conoce como sesgo del superviviente. En esencia, es un sesgo cognitivo por el que, erróneamente, solo tenemos en cuenta en nuestro análisis a los supervivientes (los que aciertan, los que tienen éxito, etc.) e ignoramos al resto que se quedaron por el camino.

Un ejemplo clásico es el del análisis de los aviones británicos durante la II Guerra Mundial. La Real Fuerza Aérea Británica quería proteger mejor sus vehículos aéreos, así que pensaron reforzar aquellas partes más dañadas de los que regresaban.

Sin embargo, el matemático Abraham Wald se dio cuenta de que era un error: había que proteger mejor las partes intactas, porque los aviones no eran derribados y podían volver precisamente porque no habían sido atacados en esas zonas.

De igual forma ocurre al analizar casos de éxito empresarial. En lugar de estudiar tanto las compañías que han triunfado como las que han fracasado para extraer conclusiones, se tiende a investigar solo a las exitosas para emularlas.

Así, tendemos a confiar en Paul, Aquiles o Rabio porque han acertado en sus predicciones. Sin embargo, habrá muchos otros animales que no se dirijan a la bandera adecuada cuando les preguntemos por el resultado de un partido y que no tendrán la oportunidad de hacerse famosos.

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