Esta es la conclusión de un estudio realizado a 400 mujeres que habían dejado de tomar anticonceptivos y querían tener un bebé. Para medir sus niveles de estrés, las participantes en este ensayo dejaron que les midiesen en la saliva dos sustancias relacionadas con el estrés: la enzima alfa amilasa y la hormona cortisol.

Durante el estudio, 347 mujeres se quedaron embarazadas y 54 no. Aunque no se encontró relación entre el cortisol y la fertilidad, pero sí con los niveles de alfa amilasa. Las que tenían un nivel más elevado, relacionado con el estrés a largo plazo, tenían más del doble de riesgo de infertilidad.

La autora del estudio, Courtney Lynch, de la Universidad del Estado de Ohio, recomienda que, si una mujer está teniendo dificultades con el embarazo, podría ser útil considerar técnicas de reducción de estrés como el yoga o la meditación.