China suele acaparar la atención de los medios por ser una de las regiones más contaminadas del mundo. Sin embargo, en el continente asiático, Nueva Delhi ya supera los malos índices de calidad del aire de su vecina Pekín. A finales de diciembre pasado, el Delhi Pollution Control Comittee, el índice oficial de medición de la calidad del aire en India dependiente del Gobierno, registró un pico más de 1.000 microgramos de partículas en suspensión PM10 en Nueva Delhi. Durante el mismo periodo, las partículas en suspensión en Pekín oscilaron entre 56 microgramos y 335, según el Air Quality Index, un índice de medición internacional de la calidad del aire.

Para hacerse una idea del impacto de estas partículas en la salud, la Organización Mundial de la Salud indica en su guía de calidad del aire que una reducción de la contaminación por partículas de 70 microgramos a 20 microgramos por metro cúbico reduciría en un 15% las 1,3 millones de muertes que se producen cada año en todo el mundo por la polución exterior.

Según el informe Global Burden of Disease en el que la OMS mide cada año la pérdida de días de vida debido a causas prematuras, la contaminación exterior aparece en quinto lugar, después de la hipertensión, la contaminación en espacios interiores, el tabaco y la malnutrición. Hasta 620.000 personas murieron de forma prematura en 2010 debido a la pésima calidad del aire, frente a 1000.000 una década antes.

La explosión del uso del coche en las saturadas urbes indias, con una presión demográfica que no para de aumentar- 18 millones de habitantes en Nueva Delhi-, sería una de las razones del empeoramiento de la calidad de los pulmones de los transeúntes indios. Cada día se ponen en circulación en la capital 1.400 nuevos vehículos, que se suman a los 7,5 millones del actual parque de turismos. En los últimos diez años, el número de vehículos en todo el país ha pasado de 50 a 130 millones de coches.

Ante la expansión del humo, el Gobierno optó en 2002 por obligar a los vehículos de transporte urbano, autobuses y rickshaw a motor, a llenar sus depósitos con gas natural comprimido, “lo cual ha permitido mejorar la calidad del aire, aunque con el aumento constante de vehículos, la contaminación ha repuntado”, según recoge la revista ecológica Down to Earth.

La OMS amplió en 2005 sus directrices sobre calidad del aire. El continente europeo había servido hasta ese año de guía para fijar sus recomendaciones sobre los límites de partículas en suspensión PM 2,5, PM 10, ozono, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre, que quedaron revisadas para incluir a los países emergentes.

En su nueva guía, el organismo reconoce que “existen graves riesgos para la salud derivados de la exposición a las PM y al O3 en numerosas ciudades de los países desarrollados y en desarrollo. Es posible establecer una relación cuantitativa entre los niveles de contaminación y resultados concretos relativos a la salud como el aumento de la mortalidad o la morbilidad. Este dato resulta útil para comprender las mejoras que cabría esperar en materia de salud si se reduce la contaminación del aire”.