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INCREÍBLES PROPIEDADES

Nada supera en velocidad al ataque de la lengua de una rana

Las ranas utilizan su lengua viscoelástica para cazar insectos, pero su secreto está en una saliva que no se rige por las leyes de Newton.

Una rana

vlastimil_koutecky en Flickr bajo licencia CC Una rana

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Siempre nos quedamos alelados cuando vemos un documental en el que una rana o un camaleón sacan sus lenguas para atrapar a una mosca. Nos llama la atención la velocidad y su precisión, aunque quizá no sepamos cómo hace para que su presa se quede pegada. Porque sí, su saliva es muy adhesiva, pero hay algo más.

Un estudio publicado en 'Journal of the Royal Society Interface' analiza las propiedades “fuera de lo común” de la lengua de la rana. Porque, según los autores, nada se aprecia a simple vista ni es obvio que justifique la letal eficacia de ese acto de depredación que a priori parece tan sencillo.

Después de filmar a los batracios con una cámara especial para captar su alta velocidad y grabar sus movimientos al ralentí, los científicos del Instituto Tecnológico de Georgia calcularon que el ataque dura siete centésimas de segundo, un tiempo cinco veces menor del que tardamos en pestañear.

La cuestión es que ningún producto comercial tiene la capacidad de adherirse a una superficie tan rápidamente, y mucho menos considerando que el cuerpo de un insecto tiene texturas muy variopintas.

 

Los investigadores analizaron las características físicas de la lengua y saliva de seis ranas y dos sapos de especies diferentes y dieron con el quid de la cuestión: el secreto no sólo está en la elasticidad, diez veces mayor que la humana, sino también en un comportamiento increíble de su saliva.

La lengua, en lugar de golpear se deforma y absorbe el choque, como en las pruebas de resistencia de un coche actual. El objetivo es envolver a su presa, aumentando la superficie de contacto con su gran capacidad de deformación.

Lengua de las ranas | The Royal Society Publishing

La viscosidad variable de la saliva

Mientras que pasa este microinstante, la saliva adopta un comportamiento extraño, propio de un fluido no newtoniano. Esto quiere decir que cambia su viscosidad en función de las tensiones que se ejerzan sobre él, y justamente eso es lo que provoca reacciones tan sorprendentes.

En reposo, la saliva tiene una viscosidad alta, pero se vuelve más líquida por el impacto con el insecto, permitiendo que penetre por todos los recovecos de la superficie del mismo. Así, en cuanto se produce el contacto, recupera su viscosidad inicial, de forma que el bicho se queda atascado y con poca posibilidad de movimiento.

¿Cómo se despega la presa de su lengua una vez está dentro de su boca? De nuevo ejerciendo presión sobre su lengua para que la saliva se fluidifique de nuevo. Lo más impresionante es que esta nueva fricción la produce con sus ojos. Eso se debe a que dentro del cuerpo del anfibio la parte posterior de los globos oculares se comunica directamente con la cavidad oral, por eso los retrae en su boca para ejercer presión en su viscoelástica lengua y poder así empujarlo hacia la garganta para poder tragarlo.

¿Parece infalible, verdad? Bueno, algunas veces la cosa falla...

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