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POR CULPA DEL DICLOROMETANO

El inesperado regreso del agujero de la capa de ozono

El agujero de la capa de ozono sigue cerrándose lentamente. Sin embargo, un compuesto recién descubierto en la atmósfera podría retrasar la 'curación' definitiva tres décadas como mínimo.

Agujero en la capa de ozono en la Antártida

NASA El agujero en la capa de ozono logró su máximo anual el 11-S

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Quédate con esta palabra: diclorometano. Si no la habías oído en tu vida no te preocupes porque casi nadie lo había hecho. Se trata de un compuesto artificial que se utiliza sobre todo en aerosoles, pinturas y disolventes y está a punto de hacerse muy famoso. ¿El motivo? Un artículo publicado en la revista 'Nature Communications' que asegura que está frenando la recuperación de la capa de ozono.

¿Cómo?, te preguntarás, ¿pero lo de la capa de ozono no estaba ya arreglado? Bien, pues lo cierto es que no del todo. Antes de nada, repasemos brevemente la historia de esta crisis medioambiental que parecía ya superada.

Todo empezó a finales de los '70, cuando se descubrió que un gas presente en nuestra atmósfera, el ozono, estaba disminuyendo de manera alarmante. Eso era una muy mala noticia porque ese compuesto nos protege de la radiación ultravioleta del sol y sin él simplemente no podríamos vivir en este planeta.

Investigaciones posteriores pintaron un escenario incluso peor de lo que se pensaba. Se buscaron las causas de aquel descenso y se señaló a otro compuesto del que, por entonces, casi nadie había oído hablar: el clorofluorocarbono, un gas que se encontraba en aerosoles y en los sistemas de refrigeración.

La situación se volvió tan crítica que la comunidad internacional reaccionó con una premura y una sincronización pocas veces vista. En 1985 tuvo lugar la Convención de Viena para la Protección de la Capa de Ozono y sólo dos años después, en 1987, se aprobó el Protocolo de Montreal. Se trataba de un muy ambicioso plan por el cual los 43 países firmantes se comprometían a reducir al mínimo la producción de clorofluorocarbono.

Aquella reacción, rápida y ejemplar, se celebró como gran un triunfo político, demostrando que las autoridades mundiales eran capaces de actuar de forma responsable cuando la situación lo requería. Y así, la crisis de la capa de ozono fue poco a poco desvaneciéndose de los medios.

Pero lo cierto es que ahí sigue el agujero y, hasta el año pasado, no tuvimos ninguna evidencia de que el ozono se estuviese recuperando. En junio de 2016 un artícul publicado en la revista 'Science' informó de que, en efecto, el agujero estaba disminuyendo su extensión, si bien lo hacía forma extraordinariamente lenta. Según sus cálculos, no desaparecería por completo hasta al año 2050.

Y aquí es donde entra en escena el diclorometano. Porque, según la investigación publicada la semana pasada, este compuesto podría retrasar lo que llaman "la curación" un mínimo de tres décadas. En su día, el Protocolo de Montreal no consideró el diclorometano una amenaza por la rapidez con la que se disipa. El problema es que, en la última década, su uso se ha vuelto masivo en ciertas industrias (según los científicos, su presencia en la atmósfera ha aumentado un 8% desde 2004).

La buena noticia es que, precisamente porque el compuesto se desvanece muy rápidamente, una interrupción inmediata de sus emisiones podría anular sus efectos nocivos. La pelota está, por tanto, en el tejado de las administraciones de todo el mundo. Queda por ver ahora si en 2017 la coordinación internacional es tan eficaz y responsable como lo fue en los años '80... o no.

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