Cuatro mujeres y un hombre de los gutelu son asesinados por los widaia cuando estaban en plena cena familiar. Así nace una venganza violenta entre dos alianzas de tribus dani, que luego deriva en una guerra devastadora entre ambas poblaciones de Nueva Guinea.

El asesinato de aquellos cinco gutelu deriva en nuevas venganzas sobre los widaia. Es cuando este bando exige una represalia.

Al amanecer de un mes de abril de 1961, los widaia desafían a los gutelu en un rito ancestral que fija una batalla con cita previa: dictan hora y lugar para sus enemigos.

Los gutelu pueden rechazar el desafío, pero acuden. Y así comienza una guerra crónica entre ambos bandos, que, porcentualmente, es una de las masacres más terribles de la Historia.

En aquel mes de abril, mientras gutelu y widaia luchan, el cielo se cubre de nubes y comienza a llover. Uno de los dos contendientes, al estar en su derecho, pide que se suspenda la batalla. Todos aquellos guerreros se repliegan así a sus poblados.

Durante aquel enfrentamiento, diez miembros de los gutelu sufren heridas graves. Solo tienen una baja, un hombre llamado Ekitamalek, que muere 17 días después. La punta de una lanza le perfora mortalmente el pulmón izquierdo. Del lado de los widaia, muchos también curan sus heridas.

Cinco años después, esta guerra crónica entre ambas alianzas acomete una de las peores batallas jamás olvidadas. Estamos en las tierras altas de Nueva Guinea, en el valle de Baliem. Ambos bandos luchan, cuerpo a cuerpo, con sus lanzas como único artefacto bélico.

Los dani del norte matan a más de 125 dani del sur. El número de víctimas ascendió al 5% de la población sureña. Es una de las contiendas, porcentualmente, más cruentas del mundo.

Así lo relata el premio Pulitzer Jared Diamond en su ensayo El mundo hasta ayer. ¿Qué podemos aprender de las sociedades tradicionales? En este libro, Diamond dedica varios capítulos a describir cómo las guerras tradicionales causan, porcentualmente, más muertes en una población civil que los conflictos bélicos modernos.

“Sí, con respecto al número absoluto de muertos, la guerra de los dani fue diminuta, si la comparamos con la Segunda Guerra Mundial o con los atentados terroristas del 11 de septiembre en el World Trade Center”, añade Diamond en su libro.

Sin embargo, aquella guerra de los dani acabó con el 14% de la población en tan solo seis meses, una cifra mucho mayor que el porcentaje de víctimas que tuvo, por ejemplo, la caída de la bomba atómica en Hiroshima, respecto a la población inmersa en el conflicto entre Japón y Estados Unidos.

Dicho así, la conclusión parece baladí, pero los estudios antropológicos atestiguan que las guerras modernas causan menos víctimas en porcentaje que las tradicionales. Todo depende quien estudie la masacre. Para los supervivientes de dos guerras mundiales estos números serán nimios y ni siquiera calificarían el conflicto dani como una guerra.

No obstante, para los más de 8.000 dani que lo sufrieron, la contienda fue terrible. No en vano, en algunas de aquellas batallas, los guerreros solo bajaban sus lanzas y volvían aliviados a sus casas cuando arreciaba la lluvia.