El Parlamento francés aprobó la semana pasada una propuesta de ley que prohíbe el uso de pesticidas en espacios públicos a partir de 2020, y en jardines particulares en 2022. La norma llega envuelta en la creciente inquietud por el impacto de estos productos en la salud.

En junio, el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica (Inserm) avanzaba en un estudio colectivo realizado por sus expertos a partir de datos científicos publicados en los últimos 30 años, que “parece existir una asociación positiva entre la exposición a pesticidas y algunas patologías en personas adultas como  parkinson, cáncer de próstata y otros tipos de cáncer”.

El documento abordaba sobre todo el impacto de los pesticidas en los profesionales que los manipulan, cuyo riesgo, advertía el informe, aumenta en mujeres embarazadas por sus efectos en la salud del feto.

La nueva normativa prohíbe el uso de pesticidas para el mantenimiento de espacios verdes, bosques y zonas de paseo públicas a partir de 2020. Dos años después se vetará el uso no profesional de estos compuestos, de forma que los franceses que tengan un jardín o un huerto particular -el 45% los galos son jardineros aficionados-, deberán buscar alternativas al uso de químicos. Entre el 5% y el 10% de los pesticidas utilizados en el país vecino son de uso particular, el resto se destina a la agricultura.

Muchos municipios del primer consumidor de pesticidas en Europa se han adelantado a la nueva ley. Según avanzaba el diario Le Monde la semana pasada, el 40% de los municipios galos han puesto en marcha un plan para eliminar por completo el uso de químicos. Versalles, por ejemplo, ha sustituido completamente los pesticidas por otros métodos como herbicidas térmicos, que anulan el crecimiento de hierbas y plantas no deseadas con calor.

Con 2.730 hectáreas de superficie, de las cuales 1.275 son espacios verdes públicos, “Versalles dispone de un patrimonio natural único que resulta crucial preservar y valorar”, explica en su web el Ayuntamiento, que en 2009 ya fue premiada por su gestión del agua.

Este municipio ha calculado en 130.000 los litros de sustancias químicas que ha dejado de verter en la capa freática, y estima que su completa eliminación ahorra 25.000 euros al año a las arcas públicas.

Otras regiones llevan años reduciendo paulatinamente el uso de químicos en el mantenimiento de espacios verdes y jardines. Nantes apostó en 1992 por suprimir un 95% el uso de pesticidas en un plazo de diez años, por su “impacto en la salud, ya que una exposición continuada afecta al sistema inmunológico, neurológico o reproductivo, y en la biodiversidad, al suprimir numerosas especies, no solo aquellas que se pretende erradicar”, explica el Ayuntamiento en su web.

Rennes se sumó al mismo compromiso en el año 2000, con el objetivo de reducir el uso de pesticidas un 90%. Hoy es común ver a los jardineros que realizan el mantenimiento de espacios verdes de la ciudad, como los cementerios, equipados con herbicidas térmicos para suprimir las malas hierbas, calentándolas, en lugar de verter químicos.