El mar guarda una de las claves para dar fuelle a la alicaída industria europea. En el tiempo en el que Estados Unidos y China han dedicado sus esfuerzos verdes a hacer despertar a la eólica terrestre y fabricar paneles solares fotovoltaicos respectivamente, el Viejo continente se ha convertido en líder mundial del aprovechamiento del viento sobre el mar para producir electricidad.

Aunque aún se trata de un mercado pequeño si se compara con la eólica terrestre, es una industria de futuro, a juzgar por el aumento de parques eólicos y de la electricidad que suministran los parques marinos en funcionamiento a los hogares de los países del norte de Europa, donde se concentra la mayor parte de las instalaciones activas.

Europa tenía levantados un total de 69 parques eólicos marinos con 2.080 turbinas instaladas al cierre de 2013, según calcula la Asociación Eólica Europea (EWEA) en su último informe sobre el sector, publicado el pasado mes de enero. Solo el año pasado, esta industria conectó un 34% más de parques a la red eléctrica respecto a 2012, hasta abastecer el 0,7% del consumo eléctrico de la Unión Europea.

Las grandes ventajas de la eólica marina es que puede aprovechar vientos más constantes y fuertes que los que soplan en tierra. Por ello, el Mar del Norte se ha convertido en el gran campo de pruebas de la industria, donde se concentra el 66% de los parques en construcción del mundo, muy por delante del Mar Báltico (14%) y el océano Atlántico (20%).

Londres ha sido la más rápida de sus vecinas europeas en ver el potencial de los molinos sobre el mar para su industria, como dejó claro el primer ministro británico, David Cameron, durante la inauguración del mayor parque eólico marino del mundo, London Array, frente a la desembocadura del Támesis, en julio del año pasado. “¿Somos capaces de seguir realizando en los países occidentales grandes proyectos, grandes inversiones? ¿O eso ya solo pasa en los países del Este y del Sur?”.

Por el momento, Reino Unido ha contestado siendo el país del mundo con mayor superficie de parques eólicos en el Mar del Norte, donde el 56% de los aerogeneradores es británico. Le sigue Dinamarca, con el 19%, Bélgica, Alemania, Holanda, Suecia, Finlandia, Irlanda, Noruega, y muy por detrás, España, con 5 megavatios de potencia instalada, y Portugal, con 2 megavatios.

El siguiente reto de la industria es abaratar los costes para ser más competitiva. Una de las pistas es ganar en el tamaño de las turbinas para suministrar mayor cantidad de electricidad con menos aerogeneradores. El tamaño de las turbinas instaladas en aguas europeas ha aumentado “significativamente” desde 1991, según la EWEA. En 2013, las nuevas máquinas tenían 3,9 megavatios de capacidad, y se espera que este año alcancen 4 megavatios.

El otro escollo es el difícil acceso a la financiación para realizar proyectos. “2013 fue un año de transición para la financiación, pocos proyectos se lanzaron por la inestabilidad regulatoria en Reino Unido y Alemania”, los dos países que están tirando del sector en Europa. A los continuos cambios normativos se suman las dudas que la Comisión Europea ha arrojado sobre las energías renovables en su paquete de Energía y Clima, presentado a principios de este año. En documento, Bruselas propone acabar con los objetivos de energías limpias por países y relega la eficiencia energética más allá de 2030.