El asesinato de las crías ajenas no es algo extraño en el comportamiento de los machos del reino animal, aunque no es un rasgo general de comportamiento, según un estudio publicado en Science y realizado durante tres décadas.

Lo habitual, según los autores, es que se produzca en las especies que viven en grupos sociales monopolizados por unos cuantos varones, que lo utilizan de forma estratégica en su favor.

Estas conductas perturban a los etólogos desde 1970 y se han planteado muchas hipótesis, tras la observación pausada en el medio natural. Algunos investigadores han pensado que se produce como estrategia de supervivencia por la destrucción del hábitat natural y la proximidad humana, como en el caso de los langures, los monos “sagrados” de India.

Otros han defendido que el asesinato es una estrategia sexual para aumentar las posibilidades de reproducción del infanticida.

La rivalidad es la clave: “El infanticidio se produce en las especies que viven en grupos y tienen la capacidad de reproducirse durante todo el año, en las que el dominio masculino es frágil”, según afirma Elise Huchard, uno de los autores del estudio, a Sicences et avenir.

Esto sucede en muchos primates, roedores y grandes carnívoros. El infanticidio se produjo en sólo el 28% de especies que se reproducen cada año, en comparación con el 76% de las especies capaces de reproducirse durante todo el año, según dicha investigación.

La novedad del trabajo es que ha ido más allá de los primates, que habían acaparado los estudios previos, para analizar los mamíferos en general.

Muchas madres tienen un período de infertilidad postparto mientras sus retoños son lactantes. En multitud de especies, si un nuevo macho entra a dominar el grupo mata a las crías para acabar con la anterior hegemonía y poder copular con las hembras.

La presencia de un macho dominante invasor es más complicadas en especies que viven en parejas aisladas monógamas y en grupos poco estructurados en los que las hembras se aparean con varios machos. En éste último caso, la agresividad se reduce a la mínima expresión por la dificultad de distinguir los retoños. El infanticidio también es poco frecuente en sociedades matriarcales.

Este comportamiento violento fue observado en el 66% de los grupos estables de machos y hembras, pero el porcentaje crece en los que hay dos o tres hembras por cada varón.

“El infanticidio masculino es una consecuencia de la variación en la sociabilidad, que se produce con mayor frecuencia en especies en las que ambos sexos conviven en grupos estables", afirma Dieter Lukas, el otro autor del estudio, en The Scientist.

En 2013, se publicó en PNAS un estudio titulado 'El infanticidio masculino conduce a la monogamia en primates'. Al mismo tiempo, Lukas afirmó en otra publicación de Science que la monogamia es consecuencia de hembras que no son tolerantes con otras o de machos que no tienen recursos suficientes para defender varias parejas a la vez, pero no es resultado del asesinato de crías.

Sin embargo, el autor del estudio de PNAS piensa que estas nuevas aportaciones le da la razón respecto a que la monogamia es una respuesta efectiva contra el infanticidio. Parece que no está dicha la última palabra en el debate.