Hay un montón de cosas que, a fuerza de repetirse, la gente acepta como reales. Otra cosa es que haya pruebas científicas tras esas creencias, o que los estudios hechos al respecto sean concluyentes y carezcan de discusión por parte de otros científicos acreditados. Este artículo, por tanto, no va de respuestas, sino de preguntas.

Primera pregunta: ¿si veo mucho la televisión, repercutirá en mi vista?

Seguro que tu madre te ha dicho cien veces eso de que 'te vas a quedar ciego de ver tanta tele'. Ahora bien, ¿es eso cierto? Hace unos años el consumo televisivo era de unas cuantas horas al día, pero ahora esa supuesta 'agresión ocular' se ha multiplicado. Porque ahora la 'tele' ya no es sólo la tele, sino también el ordenador, la consola, el móvil, la tablet... Si te fijas, vivimos rodeados de pantallas luminosas allá donde vamos: el autobús, el metro, el trabajo, nuestra casa... hasta el baño.

Pero, ¿es dañino para la vista el estar mirando una pantalla retroiluminada? La luz en sí no daña la vista, siempre que sea en un espectro y con una intensidad que nuestro sistema ocular pueda procesar convenientemente. El efecto que la pantalla pueda tener en nuestra vista también dependerá de las condiciones del lugar donde estemos: a mayor iluminación alrededor -hasta un nivel determinado- menor contraste con la pantalla y menor sufrimiento de nuestra vista. Prueba a usar una pantalla de este tipo con un brillo alto en un lugar oscuro.

La clave es, sin embargo, lo que han mejorado las pantallas. Acuérdate de cuando las pantallas eran negras con letras verdes, o blancas, cuando usábamos MS-DOS. Ahora los monitores ajustan automáticamente el brillo para evitar esos contrastes mencionados, además de tener una definición mucho mayor que los viejos monitores de tubo que usábamos. Y eso por no hablar de las pantallas no retroiluminadas, como pueden ser las de los e-readers, que se supone que tienen la misma capacidad de dañar la vista que un papel escrito.

Entonces, ¿qué puede más, lo que han mejorado las pantallas o lo mucho que han aumentado las horas que estamos frente a ellas?

Segunda pregunta: ¿hacer que te crujan lis nudillos causa artritis?

Igual eres uno de esos a los que les cruje todo. De esos a los que con sólo aprentarse o estirarse los dedos de la mano emiten un sonoro sonido. O al girar el cuello, o al hacer determinado movimiento. Quizá eres de los que no sólo no hacen eso, sino que encima tienen aprensión a ese sonido.

La creencia popular es que hacer eso acaba debilitando las articulaciones, incluso propiciando la aparición de dolencias degenerativas como la artritis. Sin embargo, quienes lo hacen, aseguran que sienten que se les liberan tensiones acumuladas en la zona.

A pie de calle hay opiniones para todos los gustos: mucha gente dice que no hace nada, que no hay efecto adverso de hacer eso, porque en realidad el crujido es el ruido que hace el líquido sinovial con el oxígeno contenido en tus articulaciones, al moverse rápidamente debido a la presión. Sin embargo, son más los que dicen que esas acciones pueden provocar lesiones y dolencias.

Tercera pregunta: ¿las radiaciones nos matarán?

Atención, amigos de lo paranormal. No hablamos de una posible radiación de origen natural, o de una central nuclear cercana. Hablamos de las radiaciones que nos rodean, las que acogemos con gusto. ¿La WiFI altera nuestro sueño? ¿Llevar el móvil en el bolsillo hace que se reduzca nuestra fertilidad? ¿Calentar la comida en el microondas es cancerígeno?

Cada vez son mayores los rumores y creencias al respecto de cómo los canales de comunicación inalámbricos y los haces de energía que nos rodean pueden ser perjudiciales para nuestra salud. Ahora bien, ¿hay casos reales? ¿Evidencias científicas? ¿Se acallan los casos de este tipo porque hay multimillonarios intereses económicos detrás de estas industrias?

Tú, por si acaso, enfúndate un escurridor en la cabeza y cúbrete de papel de plata, no sea cosa que...

Cuarta pregunta: beber mucha agua es buenísimo, ¿verdad?

Cada cierto tiempo hay tendencias de consumo y alimentación que se dan por buenas. Incluso las más aceptadas científicamente. Por ejemplo, alimentarse de verduras y frutas. O consumir mucho aceite de oliva. O beber una copa de vino -o de cerveza- al día. O beber uno -o dos- litros de agua como forma de depurarse internamente, conservar el equilibrio y no sé cuántas cosas más. Y eso por no hablar de las setas y el vino como anticancerígenos.

Nosotros necesitamos el agua para vivir, incluso más que la comida. Beber agua periódicamente es primordial, pero... ¿tanta como un litro? Tras tantos rumores y tanta creencia popular comenzaron a surgir investigadores que decían que, lejos de ser bueno, beber demasiada agua puede ser perjudicial.

Pasa lo mismo con la comida: comer de todo, en cantidades adecuadas, es lo óptimo. De hecho, el ejemplo del auge y caída de la dieta Dukan es una buena forma de explicarlo: eliminar algunos nutrientes y sobredimensionar otros para compensarlo puede causar alteraciones en nuestro organismo y provocar serios problemas en el aparato digestivo.

Eso es como lo de que por cada peldaño que se sube se suman diez segundos de vida. Nuestro día entero se debería a las cosas que tenemos que hacer para ser más saludables: beber, comer y hacer ejercicio, todo medido y constante, sin un solo exceso. No parece que eso mejore mucho la vida, ¿no?

Quinta pregunta: los pseudotratamientos, ¿funcionan?

Los reyes de las leyendas urbanas son los pseudotratamientos y productos-milagro. Aquellas míticas pulseras con dos bolas en los extremos que, por algún supuesto efecto de electromagnetismo, mejoraba nuestra vida. O aquella ministra de Sanidad que llevaba Power Balance. O los tan manidos "medicamentos homeopáticos" cuya efectividad nadie ha comprobado pero que se venden en farmacias, incluso se recetan en consultas médicas, y más que llegará.

Seguro que si has ido al fisioterapeuta te han puesto tiras elásticas adhesivas en alguna zona. O te han aplicado imanes. Ahora bien. ¿de verdad funciona algo de esto?

Enfúndate nuevamente tu escurridor en la cabeza, saca tu chaqueta de papel de plata y apúntate a todos los remedios supuestamente efectivos. Mejorar tu salud quizá no, pero 'sanear' tus cuentas seguro que sí.