Pocas opciones tienen los hogares para contrarrestar la subida del recibo de la luz aprobada por el Gobierno en su última reforma eléctrica, en julio, en vigor desde el 1 de agosto. Los consumidores pagarán un 3,2% más, un aumento que procede del alza de los llamados peajes de acceso, o sea el uso de la red para recibir electricidad.

El marasmo que ha generado la nueva norma, que también penaliza la producción casera de electricidad por el aumento de esos peajes, está abriendo el camino a las comercializadoras de electricidad 100% renovable, aún minoritarias en España, única parte de la cadena en la que consumidor puede influir por ahora en el sistema eléctrico.

“El día que se aprobó la subida, se quintuplicaron las visitas a nuestra web”, cuentan en Gesternova, pionera en el suministro de energía exclusivamente de origen renovable, con 8.000 clientes, unos 1.000 domésticos.

En esta compañía achacan el entusiasmo al hartazgo de los consumidores de los continuos aumentos y a “la motivación para consumir energía de origen renovable”. Aunque matiza: el cambio en el contrato a una de estas comercializadoras no garantiza un ahorro directo en el recibo- para ahorrar, la comercializadora no tiene por qué ser verde-, pero a la larga se trata de generar competencia.

“Si la gente demanda renovables, al otro lado se fomenta el consumo. Cuanto más atomizada sea la generación eléctrica, mayor será la competencia y menor el precio del mercado”, enfatizan.

Esa misma línea siguen las cooperativas de consumo que han surgido en varias comunidades autónomas, dando un paso más.

“Nosotros ofrecemos buenos precios, pero al final lo que pretendemos es influir en un cambio de modelo energético, ser capaces de generar la energía que consumen nuestros socios, ganar independencia de las eléctricas, y para eso hay que dar beneficios, formar parte del mercado”, matizan en la andaluza Zencer.

Esta cooperativa andaluza de 200 socios compra electricidad en el mercado mayorista y en paralelo garantiza su origen renovable de los productores, que la Comisión Nacional de la Energía (CNE) confirma con un certificado.

En vilo queda por el momento el proyecto de levantar plantas de fotovoltaica y de biomasa después de que la reforma eléctrica haya endurecido las condiciones a la generación a partir de renovables.

“No va a ser un camino fácil, pero es el camino”.

Som Energia, pionera en buscar socios que se agrupen para abastecerse de electricidad verde, aglutina ya a  4.000 personas. Los 100 euros de cuota anual se reinvierten en la propia cooperativa, que tiene instalaciones propias de solar fotovoltaica financiadas por sus socios.

La vasca Goiener, la cántabra Enerplus o la gallega Nos Energia son algunas de las cooperativas comercializadoras que se están abriendo un hueco para dar fuerza a los consumidores en una alternativa energética.