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EFECTOS DEL CALENTAMIENTO GLOBAL

El cambio climático podría acabar con la aviación tal y como la conocemos

La aviación civil se prepara ya para enfrentarse a un nuevo y complejo reto: los efectos del calentamiento global.

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A la ciudad de Phoenix, en el estado de Arizona, se la conoce como el Valle del Sol. Es un lugar extremadamente cálido y seco, y, según los registros, cada vez lo es más. Su temperatura máxima en el mes de junio es de 40º de media. Hace semana y media, sin embargo, se batieron todos los récords al superar los 49º durante varios días consecutivos.

Además de las medidas habituales por ola de calor, American Airlines tomó entonces una decisión sorprendente que no tardó en saltar a los medios de todo el mundo: la aerolínea suspendía más de 40 vuelos procedentes del aeropuerto de Phoenix. Pero, ¿por qué? ¿Qué tienen que ver los aviones con el calor?

La respuesta está en la temperatura del aire. El calor hace que las moléculas de oxígeno se separen entre sí, volviendo el aire menos denso. Este fenómeno, que pasa desapercibido para nosotros, es crucial cuando se trata de alzar el vuelo con una máquina de cien toneladas. Al ser el aire menos denso, ofrece una menor resistencia y, por tanto, una peor sustentación del aparato durante el despegue. Digámoslo así: cuando hace mucho calor al avión le cuesta más separarse del suelo.

Además, el calor extremo afecta negativamente a la potencia de los motores. Al estar las moléculas de oxígeno más dispersas, la combustión se vuelve menos eficiente y se corre el riesgo de que los aviones no logren alcanzar la velocidad necesaria para el despegue.

Y bien, ¿cómo se puede contrarrestar esto? Fundamentalmente, de dos maneras. Una de ellas es dotar a los aviones de motores más potentes. La otra pasa por ampliar las pistas de los aeropuertos, aumentando así el margen de aceleración.

Si bien el calor afecta a todo tipo de aeronaves, resulta especialmente problemático para las pequeñas por estar equipadas con motores menos potentes. Según American Airlines, algunos de los aviones que se quedaron en tierra hace dos semanas simplemente no habrían sido capaces de despegar con aquellas temperaturas. O no al menos en el aeropuerto de Phoenix, donde la pista más larga mide 3,5 kilómetros.

Las compañías aéreas saben perfectamente a partir de qué temperatura es recomendable inmovilizar cada uno de los aviones de su flota. Esta decisión no sólo depende de la potencia de los motores y del tamaño de la pista de despegue, sino de otros muchos factores como el peso que transportan e incluso la altura a la que se encuentra el aeropuerto.

Lo sucedido en Phoenix fue un caso atípico que, sin embargo, empezará a ser cada vez más habitual. El aumento de la temperatura global supone un reto también para el tráfico aéreo.

¿Cómo evitar que dentro de diez años volar en verano se convierta en un viacrucis mayor del que ya es? Sea cual sea la solución que acaben implementando las aerolíneas, esto demuestra que, además de los incendios y las sequías, el cambio climático ya nos está afectando de formas que casi nadie había previsto.

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