Este verano Ibiza celebró una fiesta algo diferente, con música destinada a la lucha contra el fuego. El festival Music vs. Fire se organizó para recaudar fondos que se dedicarán a plantar 500 sabinas en Benirrás, en el municipio de Sant Joan, arrasada por sendos incendios en 2010 y 2011.

El dinero recaudado irá a manos de la organización sin ánimo de lucro Plantemos para el Planeta, una iniciativa de Naciones Unidas financiada por el sector privado.

Las empresas empiezan a implicarse en la reforestación de bosques en la isla, porque en ello les va el futuro del turismo en una zona que depende de su atractivo natural. Sin embargo, no es una iniciativa aislada.

Cada vez más compañías se abren un hueco en la reforestación de zonas dañadas o, simplemente, arman un ejército de voluntarios para plantar árboles un domingo en la sierra.

La escasa atención de la Administración al sector forestal, que lleva 20 años reclamando más medios para cuidar el monte como prevención al fuego, y el incremento de los incendios en verano están favoreciendo el fenómeno de bosques de empresa.

Entre los años 1990 y 2000, se reforestaron unas 100.000 hectáreas anuales con fondos públicos.

Hoy, esa cifra ha caído hasta 40.000 hectáreas, insuficiente según los grupos conservacionistas y forestales, que estiman en unos tres millones las hectáreas que necesitarían reforestarse de forma urgente.

Con un monte tan variado como sus propietarios -el 70% está en manos de pequeños propietarios privados-, empieza a instalarse la fórmula anglosajona de sumar al sector privado en el cuidado forestal.

La organización conservacionista WWF ha sido pionera en abrirse a la colaboración de las empresas para reforestar zonas de monte dañadas, previo permiso de los gobiernos regionales que dan luz verde a tocar el monte y con equipos forestales que saben qué se puede tocar y dónde, para no caer en el vicio de plantar por plantar.

Tras el incendio de Guadalajara en 2005, que dejó negras 13.000 hectáreas de monte y 11 miembros del equipo de extinción fallecidos, esta ONG ganó del Gobierno regional la elaboración de una guía para crear una serie de estándares de reforestación.

Aquí, más de una decena de empresas han apadrinado árboles en la zona devastada, entre ellas Toyota, el banco Santander y Ono.

Algunas de estas iniciativas incluso ponen nombre a las especies o bosques que apadrinan, aunque el cartel corporativo sólo se mantiene en pie durante la jornada en la que los voluntarios de las empresas acuden a plantar, porque la ley no permite poner mote a ningún monte público, donde suelen desarrollarse estas jornadas. Pero tiene la virtud de motivar a los empleados con una actividad diferente.

“El bosque de Red Eléctrica”, la empresa guardiana del sistema eléctrico en España, se inauguró en enero de 2012 para reforestar 458 hectáreas en el monte Cinchado y Pinar de la Brama, en Cádiz.

El proyecto forma parte del sugerente enunciado Ardilla Connecting Life, la iniciativa de la ONG Plantemos por el Planeta, apoyada por la ONU y por el sector privado.

Su objetivo es conectar todos los bosques de España, un guiño al legado del conservacionista Félix Rodríguez de la Fuente, quien trabajó para recuperar la masa de bosques que permitía a una ardilla atravesar el país de árbol en árbol sin pisar el suelo.

Esta organización no gubernamental ha recurrido a empresas que ya tenían aprobadas campañas de reforestación para ofrecerles proyectos públicos aún sin ejecutar, en un momento de especial bonanza para la Responsabilidad Social Corporativa y la buena imagen verde de los árboles, más fáciles de promover que otras especies en peligro.