Grady es la primera primate que nace usando tejido procedente de testículos congelados con tanta premura que eran demasiado jóvenes para producir esperma.

La técnica podría utilizarse para evitar la infertilidad de esos niños que, como consecuencia de un tratamiento contra el cáncer, perdían hasta ahora cualquier opción de tener descendencia al crecer.

Los expertos calculan que, actualmente más del 80% de los niños que padecen cáncer sobrevive. Pero el 30% de los supervivientes es infértil al llegar a adulto. ¿La solución? Congelar tejido de sus testículos antes del tratamiento e intentar que, años después, maduren y produzcan espermatozoides.

Kyle E. Orwig, Adetunji Fayomi y sus colegas de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh (EE UU) han demostrado que este sueño es posible en una especie más o menos cercana: los monos macacos rhesus.

En sus experimentos trabajaron con cinco primates preadolescentes, de los que obtuvieron tejido testicular y lo criopreservaron. Luego castraron a los macacos. Y esperaron a que crecieran. Una vez que alcanzaron la madurez sexual, les reinjertaron el tejido congelado en el escroto.

Grady | Oregon health and Science University

Para su asombro, los injertos testiculares crecieron e incluso produjeron testosterona y espermatozoides. Pero Orwig quería ir más allá. Así que decidió extraer muestras de su esperma y las usó para intentar fertilizar 138 óvulos.

De ellos, un 41% se convirtieron en embriones. Y al final escogieron once embriones para transferirlos a macacos hembra. Solo una de las monas se quedó embarazada y acabó dando a luz a Grady, una hembra completamente sana.

Aunque aún queda un largo camino por delante para confirmar si estos injertos autólogos funcionarían igual de bien en humanos, los expertos en reproducción aseguran que la cosa promete.