Madrid estrenará servicio municipal de alquiler de bicicletas el próximo mes de mayo. Las obras ya han empezado para dotar la nuez de la capital de 120 estaciones que jalonarán el centro cada 300 metros. En total, BiciMad sacará a la calle 1.560 bicicletas eléctricas, una novedad en el panorama de los sistemas que ya ruedan por otras ciudades españolas que ofrecen este medio de movilidad urbana, “el más competitivo de todos los medios de transporte públicos”, comenta Miguel Vital, fundador de Bonopark, la empresa que se ha adjudicado el contrato para los próximos 12 años, prorrogable cuatro más, según marcan las condiciones del contrato con el Ayuntamiento de Madrid.

Solo San Sebastián ofrece un sistema de bicis eléctricas, implantado por esta pequeña compañía pamplonesa, “aunque las dimensiones de la ciudad no tienen nada que ver”. Sí existe el alquiler municipal de bicicletas tradicionales en otras ciudades, como Sevilla o Valencia, entre otras.

La apuesta por una bici eléctrica “puede parecer que encarece los costes, pero nosotros los hacemos todo, hasta el último tornillo”, comenta Vital. Abordar toda la cadena industrial, desde el diseño hasta el software de estas bicis inteligentes, ha hecho posible a la compañía ofrecer el servicio como si fuera un sistema de bicicleta convencional y ganar el concurso “por precio, que era el principal requisito”.

Los usuarios podrán subirse a una de estas bicis por 25 euros al año, previo pago de una garantía, aún por determinar. También los turistas. Esa es otra de las novedades del nuevo servicio madrileño. En Barcelona, por ejemplo, los visitantes tienen vedado el Bicing. Y a diferencia de la bici pública de la ciudad condal, en Madrid no se regalará la primera hora de uso, pero a cambio la compañía premiará al usuario cada vez que este evite aparcar en una estación si la ve casi llena. Es la fórmula que ha encontrado Bonopark para evitar el encarecimiento del servicio a largo plazo, tras la experiencia de Barcelona y otras urbes, empujadas a desplegar flotas de camiones para redistribuir las bicicletas por las estaciones infrautilizadas.

Un piloto de color rojo avisará al usuario de que en esa estación apenas queda ya sitio para aparcar la bici. Si se desplaza a otra cercana y menos llena, recibirá una bonificación, pendiente de cifrar, “al estar haciéndonos parte del trabajo”.

Trabajo, pedaleando, es lo que tendrá que hacer sí o sí cualquiera que se suba a una de las 1.560 bicicletas de BiciMad, aunque sean eléctricas. Se podrá elegir entre tres niveles de ayuda, bajo, medio y alto, pero siempre habrá que darle a los pedales. Si el usuario elige el más cómodo, la bicicleta tendrá menos autonomía, con un tope de dos horas a una velocidad máxima de 20 kilómetros por hora, cinco menos de las que exigía el contrato con el Ayuntamiento.

Cuando el servicio de alquiler ruede con soltura y los usuarios se hayan acostumbrado a utilizarlo, se podrá reservar plaza en cualquiera de las 120 estaciones a través del móvil o de la pantalla táctil de la propia bicicleta, para garantizar el servicio en todo momento y evitar reclamaciones.

Queda por ver las ganas con las que los madrileños acogerán BiciMad. En la compañía adjudicataria se muestran algo escépticos sobre la aceptación de las dos ruedas, en una ciudad donde “la gente no está hecha a la bici, ni los conductores a la zona 30, que existe, habrá que concienciar mucho”, matiza Vital en referencia a los carriles que limitan la velocidad a 30 kilómetros por hora desplegados en partes del centro de la capital.