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CUANDO RESPIRAR MATA

Amianto: medio siglo después el asesino sigue en todas partes

El amianto estuvo ligado a la construcción durante el siglo XX. Hace cincuenta años se demostró su vinculación con el cáncer. Hoy continúa matando y su peligro sigue latente en multitud de edificios.

Amianto

Stefano Mortellaro en Flick bajo licencia CC Placas de uralita instaladas en un tejado

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Respirar amianto provoca cáncer de pulmón y otras enfermedades pulmonares graves, con periodos de latencia de la enfermedad que van de 15 a 40 años desde el contacto con la sustancia. Por esto las muertes por inhalar polvo de amianto han tenido lugar décadas después: se producen unos cien mil fallecimientos al año en todo el mundo, según la Organización Internacional del Trabajo.

Es un producto mineral de gran duración y de coste bajo que se encuentra de forma natural en multitud de formaciones rocosas. Se comenzó a utilizar durante la Segunda Revolución Industrial, a finales del siglo XIX, pero fue a lo largo del siglo pasado cuando su uso se generalizó en la industria y la construcción.

El uso del mineral viene desde tiempos remotos, e incluso se cita en la 'Historia natural' de Plinio el Viejo. En otro libro más reciente, 'La lana de la Salamandra', se cuenta la falsa creencia ancestral de que el amianto era en realidad lana de ese animal que se pensaba (también erróneamente) que podía cruzar el fuego sin sufrir daños.

Sin embargo, el libro del periodista Giampero Rossi no cuenta ninguna leyenda antigua, sino el desastre de Casale Monferrato, donde se estableció una fábrica enorme de transformación del mineral.

A este pequeño pueblo se lo conoce como la capital mundial o el cementerio del amianto, pero es mucho más. Es todo un ejemplo de lucha en los tribunales por los miles de muertos que este asesino silencioso dejó allí, con la complicidad de muchas empresas y autoridades.

Amianto

Esos viejos techos de uralita

En España cuando hablamos de amianto hablamos de “placas de uralita”, por ser esta empresa su principal fabricante. No solo están en los típicos tejadillos, también se ha usado en depósitos de agua, bajantes, tabiques ligeros, fachadas de edificios prefabricados, canalizaciones... Si no sois hipocondriacos podéis ver multitud de ejemplos gráficos en este informe de Ecologistas en Acción.

El 'boom' se produjo en pleno desarrollismo franquista, a partir de los años sesenta. Los obreros trabajaban sin las medidas de protección adecuadas y muchas empresas se saltaron durante años la ley a la torera, algo que en el caso que nos concierne, lamentablemente, duró muchos años.

Pero nos equivocamos si pensamos que esta tragedia es un fenómeno reciente. Ya en 1907 un médico, el doctor británico Montague Murray, describió el “extraño” caso de un trabajador que falleció a los 33 años a causa de una fibrosis pulmonar. Sus diez compañeros de fábrica murieron también, incluso antes que él. Cuando examinó los pulmones del cadáver encontró que estaban “duros y fibrosos”, en un examen microscópico que mostró fibras de asbesto, que es como también se llama al amianto.

Cuando le preguntaron si el material se debería incluir como causa de enfermedad grave el doctor contestó “inocentemente”: “Con evitar la inhalación de polvo esta enfermedad no tendría por qué volver a darse”. Iluso.

Una tardanza bochornosa

Hasta 1955 no se demostró la relación directa entre el cáncer de pulmón y este material, aunque hay muchas investigaciones anteriores que apuntaban en esa dirección. Están recogidas en este artículo publicado en 'Environ health perspectives' (en inglés).

En 1978 el Parlamento Europeo declaró el amianto sustancia cancerígena. En 1984 el Gobierno español hizo caso omiso de peticiones médicas que solicitaban la prohibición industrial, mientras en Noruega se prohibía totalmente. Hasta 2002 no llegó esta prohibición a nuestro país, 24 años después de la alarma europea.

Los afectados por contacto laboral siguen peleando por sus indemnizaciones en los tribunales españoles. Sin embargo, el asesino sigue entre nosotros y, aunque en muchos casos no revista un riesgo serio, sería necesario un censo público de edificios con amianto instalado.

Los riesgos surgen cuando 'ese' tejado de uralita recubierto de amianto se quiebra por el paso de los años o 'esa' tubería de agua se corta con una radial en unas obras públicas. Ambas desprenden un polvo que podría acabar con más vidas de las que ya se están quedando por el camino.

Como suele ocurrir, eso es algo en lo que pensarán nuestros 'yo' del futuro. Mientras tanto, Rusia o Canadá, entre otros, siguen suministrando amianto a los países en desarrollo para que ellos, a su vez, repitan la historia que nosotros ya hemos sufrido. El infierno de nunca acabar.

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