Los tratamientos que recibió el ex presidente, como los millones de personas que sufren la enfermedad, pudieron aliviar un poco sus síntomas, pero llegaron tarde. Desde hace un tiempo, los investigadores, como Samuel Gandy, se han dado cuenta de que están empezando a probar medicamentos experimentales cuando ya no se puede hacer nada.

Ahora se sabe que hay que empezar a observar a gente de mediana edad, al menos hacia los 55 años, y tratar de identificar sus factores de riesgo. Así sería posible empezar a probar fármacos que detengan la enfermedad antes de que se haya acumulado y sea ya imparable.

Ya existen tests genéticos fiables para algunas variedades de Alzhéimer, pero de momento solo alcanzan al 3% de los casos. Otra forma de adelantarse a la enfermedad consiste en emplear técnicas de imagen para ver cómo se acumula en el cerebro la proteína beta amiloide, la causa más probable del  mal.

La investigación del Alzhéimer ha avanzado más despacio de lo que todos hubiésemos deseado, pero al menos ya se sabe que para vencerla habrá que empezar a atacarla cuando aún es invisible. Tan invisible como lo era en Adolfo Suárez cuando aún dirigía la joven democracia española.