Cada día, muchos nutricionistas nos recuerdan en redes sociales los beneficios de abandonar la comida ultraprocesada y el azúcar. Bajar de peso, mejorar la salud, la apariencia física, el estado de ánimo… Todo ello se nota a largo plazo. Sin embargo, hasta que eso llegue se pueden experimentar cambios de humor, ansiedad y un sueño deficitarios. Pero no hay que preocuparse (demasiado): es el síndrome de abstinencia.

Un estudio aparecido en la revista Appetite’ ha concluido que las personas que están reduciendo el consumo de comida muy procesada experimentan síntomas muy similares a los de aquellos que están dejando el alcohol o el tabaco. En concreto, ansiedad, un sueño no reparador y cambios de humor, como ya hemos dicho, pero también dolores de cabeza y antojos.

Erica Schulte, doctoranda de la Universidad de Míchigan y autora principal del estudio, ha explicado que estos síntomas eran más intensos entre los días dos y cinco del proceso de abandono de comida, el mismo conjunto de días en el que las personas que están dejando las drogas sienten el síndrome de abstinencia.

Para llegar a estas conclusiones el equipo pasó un cuestionario a más de 200 personas que habían reducido su consumo de comida basura en el último año. La encuesta estaba inspiradas en las preguntas que se hacen a gente que está abandonando el tabaco o la marihuana. El resultado ayudó a confirmar una hipótesis que lleva tiempo escuchándose: que los ultraprocesados pueden ser adictivos.

Es la primera vez que un estudio certifica síndrome de abstinencia con el abandono de la comida ultraprocesada y lo equipara a los síntomas que experimentan otras personas que dejan otras sustancias. Saber esto ayudaría a tratar a las personas que quieren eliminar los ultraprocesados de la dieta. Ya había evidencias de que estos productos y aquellos con una gran cantidad de azúcar podrían provocar cambios en el cerebro similares a los que se producen en los adictos al tabaco y al alcohol.

Schulte ha explicado que, sabiendo ahora que van a estar irritables o ansiosos, los adictos a la comida basura podrán prepararse mejor para dejar el hábito. Por ello, en el futuro podrían repetir el estudio midiendo los efectos del síndrome de abstinencia en tiempo real, en vez de preguntar a los voluntarios cómo recordaban el abandono de la comida basura.