PELIGRO ENTRE TUS PIERNAS

PELIGRO ENTRE TUS PIERNAS

Las lesiones de pene más horribles a las que te puedes enfrentar y cómo evitarlas

Golpes, rozaduras, pequeñas heridas o la poco común pero real fractura de pene están entre los daños más conocidos. Descubre cómo prevenirlos y qué posturas sexuales son las más peligrosas que pueden causar más dolor que placer en el miembro viril.

Gominolas con forma de pene
Gominolas con forma de pene | Agencias

Probablemente porque es un órgano que no tiene ningún hueso, jamás habías pensado que puede lesionarse e incluso fracturarse. Bienvenido al mundo real: el pene está formado por tres columnas de tejido eréctil, dos cuerpos cavernosos y un cuerpo esponjoso: mientras su condición externa le expone a sufrir tanto rozaduras como daños en la piel, en estado erecto puede acabar por doblarse dolorosamente.

Cierto es que resulta poco común que sufra algún tipo de daño en estado de flacidez, pero el pene erecto sí puede ser víctima de lesiones. Por eso es necesaria la atención y el tratamiento inmediato para curarlo cuanto antes y devolverle a su estado natural. De no prestar la suficiente atención, al margen de lo doloroso e incómodo de la lesión, la zona podría quedar afectada gravemente poniendo en peligro la vida sexual del hombre.

Lo más leve: heridas o roces

En muchas ocasiones se puede tratar de pequeñas contusiones o heridas provocadas por rozaduras. Ya sean derivadas de la fricción durante las relaciones sexuales (incluida la masturbación), del roce con determinados tejidos de prendas o como consecuencia de una estrepitosa subida de bragueta, se puede dañar la piel del pene. Pequeñas lesiones que, aunque no son nada grave, alarman por su poco común aparición y, en algunos casos, por venir acompañadas de un inesperado sangrado.

Pero, ojo, no te agobies si aparecen porque el estrés y la ansiedad no ayudan en ningún caso a paliar las molestias y regenerar la piel dañada al instante. Al contrario, cuanto más nos obsesionemos con observar cada pocos minutos si ese pequeño rasponazo está más o menos grande, más probabilidades habrá de que toquemos la zona afectada e impidamos que se cure adecuadamente.

Ni qué decir tiene que cualquier pequeña lesión en la piel de los genitales masculinos suele ser algo más tardía en volver a la normalidad que un simple arañazo en la mano. Las condiciones –prácticamente todo el día oculto en la ropa interior sin que les dé el aire– y las posturas habituales –estar sentados con pantalones oprimiendo– no son las más más apropiadas para la regeneración natural de la piel. Sólo con paciencia, higiene y el uso de pomadas específicas si fuese necesario, todo vuelve a la normalidad.

Claro está, primero debemos descartar que no se trate de una Enfermedad de Transmisión Sexual (ETT). Por eso, si con el paso de dos o tres días no se percibe mejoría alguna en la lesión e incluso va a peor, hay que acudir a un especialista para que nos indiquen el diagnóstico y tratamiento adecuado.

No todas ocurren practicando relaciones sexuales.

El peor extremo: la fractura de pene

Sí, el pene no tiene hueso, pero si al estar completamente lleno de sangre –es decir, erecto– sufre una torcedura o flexión grave o un aplastamiento, puede producirse un traumatismo similar al de una rotura de pierna. Y eso sí que duele.

No es una lesión común, pero cuando se pone en riesgo la estabilidad de la erección podemos llegar a escuchar un agónico y doloroso crujido que se traduce en un desgarro del pene, que queda en ese momento completamente doblado.

No se queda la cosa ahí, porque la rotura también viene acompañada de la inmediata flacidez del miembro, la hinchazón repentina y la aparición de un hematoma en la zona. Además, si la uretra también se daña podría producirse una hemorragia desagradablemente visible por el orificio externo de la misma.

Esta lesión es completamente reparable... vía cirujano. En caso de tener que ser testigo del temido 'crack', ponte hielo en la zona y acude inmediatamente a urgencias.

Benignas pero llamativas

También existen otras anomalías que aun no siendo malignas ni infecciosas, llaman la atención a simple vista. En este caso nos encontramos con pápulas perladas, una condición dermatológica hereditaria muy frecuente en la que se desarrollan pequeñas protuberancias de color carne en la corona del pene o base del glande, o las manchas o granos de Fordyce, diminutos e indoloros granitos de color normalmente blanco, amarillo o crema, que pueden aparecer a cualquier edad en el tronco del pene.

Ninguna de ellas necesita tratamiento ni pone en peligro la potencia sexual de los varones, aunque no son pocos los que deciden someterse a intervenciones estéticas para deshacerse de ellas.

Prevención: las posturas más peligrosas

Se calcula que entre el 30 y el 50% de las lesiones de pene derivan de determinadas posiciones sexuales que ponen en riesgo la estabilidad de la erección pudiendo ocasionar heridas, rozaduras y la temida fractura de pene.

Más vale prevenir que curar, así que procura poner especial cuidado si practicas posturas en las que la dirección del impacto entre el pene erecto y la pelvis femenina o periné obliguen a que éste tenga que torcerse –penetrar lateralmente o desde un ángulo peligroso– ya que de realizarse con demasiada efusividad podrías terminar por doblar bruscamente el miembro viril.

Según los resultados de un estudio publicado en la revista 'Advances in Urology', las tres posturas que más peligro implican para el pene son la 'cowgirl' o vaquera (especialmente en su formato invertido, esto es la mujer encima y dando la espalda al hombre) a la que se le atribuyen cerca del 50% de las fracturas, el perrito como responsable del 29% y, por último, con un 21% de culpa en las asistencias de urgencias, el clásico misionero.

Cualquier postura en la que todo el peso corporal recaiga sobre el pene erecto se puede traducir en un aplastamiento o fractura. De ahí que también se recomiende tener cuidado con otras posiciones, como de pie penetrando desde distancias demasiado grandes o cualquiera en la que el pene salga casi por completo para volver a introducirse con una fuerte sacudida en la que no se controle adecuadamente el ángulo de entrada.

Recuerda: la idea es terminar extasiado de placer, no en una sala de urgencias avergonzado, preocupado e intensamente dolorido.

Berta Mina | @BertaMina | Madrid | 02/03/2016

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