Durante un buen tiempo Nick Hess se levantaba diariamente con mareos, dolor de cabeza y de estómago. Muchas veces acababa en el baño vomitando. Las sensaciones eran las mismas que las de una borrachera. Se sentía vulgar y torpe e incluso paseaba por casa dando tumbos y con los sentidos distorsionados.

Su familia estaba preocupada. Llegaron a barruntar que el pobre Nick sufría de un problema de alcoholismo no reconocido que le hacía beber a escondidas por las noches. Una vez acabó en urgencias a causa de unos mareos. Los médicos certificaron entre risas que su sangre tenía una tasa de alcohol cinco veces superior al límite para conducir. El diagnóstico fue que no estaba enfermo, estaba borracho. Nada más lejos de la realidad.

Nick Hess, de 63 años, padece un extraño síndrome que convierte su cuerpo en una fábrica cervecera. Su sistema digestivo produce un exceso de un tipo de hongo llamada Saccharomyces cerevisiae o levadura de la cerveza. Este, al fermentar, se convierte en alcohol e invade su sangre.

Cuando toma patatas fritas, carbohidratos, un simple trozo de pan o cualquier bollería industrial, esa fábrica cervecera se pone a trabajar para proporcionarle un torrente de alcohol. Al poco tiempo su estado no difiere del de cualquier borracho.

El síndrome de la fábrica cervecera se descubrió en japón en los años '70. Es un fenómeno relativamente desconocido para la medicina moderna. La investigadora Barbara Cordell y el doctor Justin McCarthy han publicado un estudio para alertar a sus colegas utilizando el caso y el tratamiento del señor Hess. Para Nick su enfermedad ya no es un problema. Una dieta baja en carbohidratos y su medicación antifúngica hacen el resto.