Durante el siglo XXI seguiremos aumentando en número: en 2050 el planeta tendrá que dar de comer a casi 9.000 millones de personas. Y mientras la presión demográfica sigue 'in crescendo', una investigación reciente ha llegado a la conclusión de que la producción de una veintena de alimentos básicos se ha empezado a quedar sin impulso.

Esta es una situación alarmante, teniendo en cuenta que a los países desarrollados les falta mucho para acabar con el hambre y la desnutrición en el mundo. Pero también lo es porque los países que están aumentando su nivel de prosperidad, como los países asiáticos, están demandando más carne, huevos y lácteos, lo que obliga a aumentar la producción agrícola para alimentar esos animales, con el grave impacto ecológico y ambiental que esto puede provocar.

El estudio de las universidades estadounidenses de Yale y Michigan y el Centro Hemhotlz de Alemania afirma que se ha desacelerado el crecimiento de alimentos básicos como el trigo, el pollo y el arroz. Los huevos, las verduras y la soja están también perdiendo impulso. En total, 16 de los 21 alimentos analizados alcanzaron su tope entre 1988 y 2008.

El pico de producción de pollo se alcanzó en 2006 y el de la leche y el trigo en 2004, según el estudio, que alerta de que tantas fuentes cruciales de alimentación hayan parado su ritmo de crecimiento. “Si la explotación de varios recursos a la vez se está agotando tenemos un problema, porque sustituir uno por otro puede ser relativamente fácil, pero no todos a la vez”, cuenta al diario The Independent uno de los participantes en la investigación.

Parece que esta sincronización de 'peak food' es lo que más preocupa ¿Son tan graves estos hallazgos? ¿Qué significan realmente? Los resultados de los análisis, publicados en 'Ecology and society', quieren preocupar pero no llamar al Apocalipsis.

Hay que poner en relieve que el estudio no quiere dar a entender que la producción esté bajando, sino que las tasas de crecimiento están en decadencia. Además, tienen en cuenta la variable predecible de la curva demográfica, pero no que la tecnología de los alimentos puede evolucionar muchísimo hasta mitad de siglo.

Lo que es cierto es que se puede aplicar aquella frase de “renovable no es ilimitado”, pero no pintar un panorama totalmente catastrófico más propio de la serie 'Utopía' que de la realidad. Lo que sí es cierto es que tenemos que cambiar la forma de alimentarnos si queremos dar de comer a los 2.000 millones de personas más que habitarán la Tierra en tres décadas. Tenemos que tener en cuenta que la ganadería se lleva buena parte de lo producido por la agricultura y su nivel de contaminación también es muy elevado.

Jonathan Foley, director de la Academia de Ciencias de California, también valora en el diario británico el estudio como “una advertencia”, a la que habría que añadir que “entre el 30 y el 40 por ciento de los alimentos cultivados para consumo humano nunca se come”, lo que supone un despilfarro vergonzoso en las sociedades más ricas.

Foley dio alguna clave de futuro en National Geographic, como congelar la huella física de la agricultura para evitar la deforestación, mejorar el rendimiento de los recursos naturales y adaptar mejor nuestra dieta. Y sí, esto último, parece que nos toca a nosotros.