Se acercan fechas de reencuentro con familiares y amigos. La soledad es más propia de otras épocas del año. Un concepto tan subjetivo ha sido estudiado por los científicos, que ya han hablado de cuán perjudicial puede ser para nuestra salud. Ahora, nuevos estudios han descifrado cuáles son los momentos de nuestra vida en los que nos sentimos más solos.

Un equipo de neuropsiquiatras geriátricos de la Universidad de California en San Diego pensaron que las personas mayores tendrían mayor tendencia a los sentimientos de soledad, ya que pasan más tiempo solas. Sin embargo, al realizar su estudio, llegaron a otra conclusión.

Cuando analizaron a 340 personas del condado de San Diego, entre 27 y 101 años de edad, confirmaron que el mayor pico de soledad se daba, sí, a finales de la década de 80 años. Pero había dos picos más que distaban de los anteriores. Uno era al final de la veintena. El otro, a mediados de la cincuentena.

De acuerdo a los investigadores, la mayor soledad se da en estos momentos porque coincide con momentos vitales de gran tensión. Por ejemplo, el final de la veintena puede ser estresante “porque a menudo terminas sintiendo que tus colegas tomaron mejores decisiones que tú, y hay un montón de culpa sobre por qué hiciste esto o lo otro”, ha explicado Dilip Jeste, responsable del equipo de investigadores.

A mediados de los 50 nos sentimos en la mediana edad y nos empezamos a preocupar por los problemas de salud que van derivados al envejecimiento. También, hay una mayor conciencia de la mortalidad. Y en los 80, se juntan la fragilidad del cuerpo con el fallecimiento de familiares y amigos y variables como sufrir demencia.

Además, los investigadores encontraron una relación inversa entre sabiduría y soledad: las personas más sabias eran las que se sentían menos solas. Según Ellen Lee, autora de la llamada Escala de la Sabiduría de San Diego, esto se debe a que la sabiduría trae consigo valores como la reflexión sobre uno mismo y la regulación de las emociones, que ayudan a prevenir o parar la soledad. Así, Jeste invita a trabajar para que las personas sean “más sabias” y sufran menos este sentimiento que tanto daño puede hacernos.