POR SU AGUANTE EN CONDICIONES EXTREMAS

POR SU AGUANTE EN CONDICIONES EXTREMAS

Extremófilos, esos seres pequeños que nos ayudarían a entender la vida extraterrestre

Los extremófilos unos habitantes de nuestro planeta muy especiales: soportan condiciones extremas (vistas desde el punto de vista humano) y nos ayudan a evaluar la viabilidad de posibles formas de vida en cuerpos del sistema solar.

Paraje de río Tinto (Huelva). En sus aguas residen una gran variedad de acidófilos
Paraje de río Tinto (Huelva). En sus aguas residen una gran variedad de acidófilos | Monike Oggerin

Hasta hace no mucho tiempo, se pensaba que los límites de la vida en la Tierra estaban marcados por unas condiciones muy restrictivas de temperatura que iban desde algún grado bajo cero hasta poco más de 40º C y con presiones atmosféricas aproximadamente de 1 atmósfera (1.013 milibares).

A raíz de realizar investigaciones en zonas de habitabilidad extrema de nuestro planeta, como por ejemplo la Antártida, el parque de Yellowstone, Alaska (ambos en Estados Unidos) o las minas de río Tinto (España), encontraron vida en lugares donde no debería haber en base a los límites preestablecidos. Esto es, encontraron extremófilos.

¿Que qué es eso? Todo ser vivo que vive en condiciones que están fuera de los límites normales, entendiendo como normales aquéllas en las que vive el ser humano.

Así pues, tenemos extremófilos que habitan en casi cualquier condición que se nos ocurra: acidófilos (alta acidez), termófilos (alta temperatura), psicrófilos (baja temperatura), barófilos (alta presión), halófilos (alta salinidad), radiófilos (grandes cantidades de radiactividad), y muchos más.

Mi extremófilo favorito es el Deinococus radiodurans, una bacteria que soporta altas dosis de radiactividad. Por ejemplo, aunque una dosis de 10 Grays (Gy) es suficiente como para terminar con un ser humano, esta bacteria es capaz de soportar 50 veces más sin inmutarse.

¿Cómo lo consigue? El secreto está en las múltiples copias de ADN y su alta capacidad de reparación. Esto es, cuando la radiación rompe una parte de una cadena de ADN, ésta se repara clonándose de una cadena intacta. Ese es su secreto.

¿Aplicación práctica de esto? Por ejemplo, en este artículo se analiza una comparativa entre los extremófilos Deinococcus radiodurans, Natrialba magadii y Haloferax volcanii expuestos a radiación ultravioleta y su repercusión en entornos fuera de la Tierra.

Imagen del Deinococcus radiodurans tomada con un microscopio de transmisión de electrones

Ahora bien, seguro que algunos de vosotros os habréis preguntado: “¿Y esto que tiene que ver con la astronomía?” La respuesta es que tiene mucho que ver.

Gracias a las misiones que hemos enviado al espacio, sabemos las condiciones que existen en prácticamente cualquier punto de Marte, qué temperaturas tenemos en Europa (satélite de Júpiter) y Encélado (satélite de Saturno). Tenemos también una buena caracterización de sus océanos subterráneos y pronto estaremos capacitados para saber su composición química, su presión y su temperatura. Y, por supuesto, un montón de información acerca de Titán (satélite de Saturno), esa luna repleta de lagos de hidrocarburo.

Entonces, al saber las condiciones que hay en esos planetas y satélites, sabemos qué formas de vida podrían sobrevivir allí. Lo que pasa es que el análisis no se hace llevando allí los extremófilos, sino analizándolos en su entorno natural, aquí en nuestro planeta.

Así, los habitantes de nuestro planeta también nos ayudan a intentar ver qué formas de vida podría haber en esos cuerpos del sistema solar y su viabilidad para que esas formas de vida se desarrollen.

Y ahí nos ayudan los análogos terrestres, es decir, los entornos naturales donde se encuentran los extremófilos. Pero de esos lugares ya hablaremos otro día.

Antonio P. Verde | @aperezverde | Madrid | 29/01/2014

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