Eso de que el sueño es reparador es cierto, pero no del modo en que solemos creerlo. Sin duda, un buen descanso por la noche es esencial para cargar las pilas y estar sanos y llenos de energía.

Sin embargo, estudios recientes han revelado que no todo se repara igual de bien en brazos de Morfeo: las heridas, de hecho, se curan mejor cuando es de día.

Se debe al modo en que funcionan los fibroblastos, que son las células de la piel que se encargan de desplazarse a la zona afectada y producir colágeno (una proteína con efecto restaurador) cuando se produce una herida.

Resulta que la capacidad para moverse de estos fibroblastos depende de otra proteína, la actina, cuyos niveles en el organismo dependen de los ritmos circadianos.

Así, cuando es de día los niveles de actina parecen ser mayores y favorecer una respuesta más rápida por parte de los fibroblastos, que se trasladan a la herida con mayor celeridad para regenerar el tejido.

De noche, la velocidad a la que todo esto sucede disminuye, de modo que nuestras lesiones se curan más despacio.

Cuando se investigue más a fondo, las implicaciones de este hallazgo podrían ser enormes, pues podrían aplicarse ciertos tratamientos a determinadas horas para incrementar su efectividad o se podrían programar intervenciones quirúrgicas a determinadas horas en que la respuesta del paciente va a ser mejor, entre otras cosas.