No hay nada como entender a las personas para saber cómo guiarlas por el buen camino. Con los adolescentes y la comida, como con casi todo, también funciona. Según un reciente estudio, la clave para hacer que se alejen de la comida basura y apuesten por alternativas sanas está en aprovechar la tendencia natural de los jóvenes a rebelarse.

Hacer que identifiquen el gusto por los alimentos poco sanos como un resultado del agresivo marketing de las empresas que los fabrican hace que, de repente, se les quiten las ganas de consumirlos. Nada mejor para que los chavales dejen de hacer una cosa que decirles que la están haciendo porque alguien les ha manipulado.

Este enfoque funciona mucho mejor que simplemente ofrecer a los jóvenes información sobre hábitos alimenticios saludables, pues se aprovecha de su innata oposición a ser engañados o forzados a hacer algo.

 

Más de 360 estudiantes de entre 13 y 15 años tomaron parte en el estudio, divididos en dos grupos. Al primero se le dio un informe sobre los trucos de marketing que utilizan las empresas para vender comida basura y al otro se le dio información más típica sobre los beneficios de comer bien.

Después, a través de encuestas y monitorizando las compras que los alumnos realizaban en la cafetería escolar, los investigadores pudieron comprobar que aquellos que habían recibido la información sobre las tácticas de marketing veían las comidas poco saludables con peores ojos y estaban eligiendo opciones más sanas en aperitivos y comidas.