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COVID-19 Y SUEÑO

Dormir 7 horas combate la depresión y otros daños psicológicos de la pandemia

Un estudio señala la duración del sueño como uno de los factores clave para una buena salud mental.

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El estudio Prior sleep-wake behaviour predicts mental health resilience during the COVID-19 pandemic (Un patrón de sueño-vigilia estable fortalece la salud mental entre los adultos de Estados Unidos durante la pandemia de COVID-19) ha sido realizado por investigadores de Estados Unidos y Australia para comprender la relación entre el sueño y la salud mental antes y durante la pandemia.

En la investigación, han participado 4.912 adultos a los que se les ha controlado los periodos de sueño-vigilia usando un dispositivo de sueño portátil validado. También midieron los síntomas relacionados con una peor salud mental y el abuso de sustancias. Los datos se recogieron en tres periodos diferentes del 2020 (enero-marzo, marzo-abril y abril-junio) con lo que pudieron analizar el impacto psicológico de las restricciones de movilidad derivadas de la pandemia.

Las variables para la medición del sueño comprendían la duración, el tiempo para conciliar el sueño, el tiempo para despertarse, la consistencia del sueño y el número de veces que los individuos se despertaban en una noche. Además, 6-7 horas de sueño fue el número que utilizaron como referencia mínima de un buen descanso.

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Descanso | Agencias

Los resultados, en general, mostraron una mayor duración del sueño, así como una mayor consistencia de los horarios para dormir durante los dos periodos medidos en pandemia. Sin embargo, de los 3.845 adultos que completaron el PHQ-4 (Patient Health Questionnaire), 755 presentaron síntomas de ansiedad y depresión, 1.299 síntomas de estrés postraumático relacionados con la pandemia y 856 participantes admitieron haber empezado o aumentado el uso de sustancias psicotrópicas para afrontar el estrés y las emociones negativas.

El estudio señala la duración del sueño como uno de los factores clave para una buena salud mental. Los participantes que dormían menos de 6 horas (tanto antes como después de la pandemia) tenían una probabilidad mayor de sufrir depresión y ansiedad que los que dormían más de 7 horas. La consistencia del sueño mide del 0 al 100 la variabilidad de horarios a los que nos dormimos y nos despertamos. Las personas que tenían una consistencia menor de 70 en los tres periodos del estudio mostraban una salud mental frágil, un incremento del uso de sustancias como la nicotina, el alcohol, la cafeína o el cannabis y un incremento de los síntomas ansioso-depresivos.

A pesar de los múltiples factores negativos que ha tenido el COVID-19, paradójicamente, para algunos ha supuesto una oportunidad única para mejorar los hábitos de sueño. Con los horarios flexibles del teletrabajo, la reducción de los viajes, la movilidad y el desplazamiento, el cierre de los colegios o directamente las cuarentenas domiciliarias, ha sido posible la autodeterminación de nuestros propios hábitos y rutinas de descanso.

Estos hallazgos sugieren la posibilidad de controlar mejor los estados de sueño-vigilia como factor clave para favorecer una salud mental fuerte y plena. Conocer la relación entre el sueño y los trastornos psicológicos es fundamental en una sociedad marcada por la incertidumbre y el cambio en la que cada vez hay más personas que sufren depresión, estrés y ansiedad. De hecho, psiquiatras españoles ya bautizaron este incremento de trastornos psicológicos como “la cuarta ola”, haciendo referencia a las consecuencias mentales que la pandemia ha tenido en la población.

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