Si lo que comemos es trascendental para nuestra salud inmediata y deberíamos cuidar con mimo nuestra dieta, quizás un reciente descubrimiento científico convenza definitivamente a más de un comensal de que todo lo que se eche a la boca es de vital importancia: no en vano, podría determinar cuál será el estado de salud de nuestra descendencia.

Al menos, así lo revela un reciente estudio llevado a cabo por investigadores de las Facultades de Medicina y Biociencias de la Universidad de Nottingham y publicado posteriormente en PNAS. Según la investigación, la falta de proteína en la dieta de un padre afecta a la calidad de su esperma y, en consecuencia, se produciría un impacto directo en la salud a largo plazo de su descendencia.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores alimentaron a ratones machos con una dieta de mala calidad. La consecuencias de esta mala alimentación quedaron claras: su descendencia ha tenido sobrepeso, síntomas de diabetes y, además, una deficiente regulación del metabolismo de la grasa.

Si bien esta investigación solo relaciona la mala alimentación de roedores con la salud de su descendencia, lo cierto es que ya existen investigaciones previas que muestran que los espermatozoides de hombres con sobrepeso, fumadores, que beben en exceso o que padecen diabetes son de peor calidad que aquellos pertenecientes a hombres sanos fértiles.

No obstante, esta relación directa entre la dieta de los ratones y los problemas de metabolismo de sus descendientes abre una nueva vía de investigación que permitiría relacionar la alimentación de un progenitor con la calidad de vida a largo plazo de sus hijos.

Así, la próxima vez que un hombre se plantee dejar algo de lado la calidad de su alimentación, quizás tenga un argumento más en contra: no solo está en juego su salud, sino que también lo está la posible calidad de vida de su hipotética futura descendencia.