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IMPORTANTE DESCUBRIMIENTO

Descubren los beneficios del té verde y el vino tinto contra enfermedades congénitas

Nada más venir al mundo, a los niños ya no se les da un cachete en el culo sujetándolos cabeza abajo, como se hacía en tiempos de nuestras abuelas. De lo que no se libran, sin embargo, es de que la enfermera les pinche el talón del pie con una pequeña aguja para obtener unas cuantas gotas de sangre. Está más que justificado.

Té verde

Frans Schouwenburg en flickr cc Té verde

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Con la llamada "prueba del talón" los médicos consiguen detectar lo antes posible si el neonato una enfermedad metabólica llamada fenilcetonuria. Porque, en ese caso, su cuerpo tenderá a acumular montañas de un aminoácido llamado fenilalanina. Y deberá someterse a una dieta estricta pobre en fenilalanina de por vida si no quiere sufrir daño neurológico severo y discapacidad intelectual irreversible.

Al fin y al cabo, no hay nada peor para el cerebro que una avalancha de proteínas tóxicas. Que se lo pregunten sino a los enfermos de alzhéimer, que ven como sus capacidades cognitivas merman y les falla la memoria por culpa de un montón de proteínas amiloideas depositadas en la sesera.

O a los enfermos de párkinson, que por causas similares experimentan temblor, dificultad de movimiento, torpeza, dolor y apatía. En ambos casos se forman agregados tóxicos casi idénticos a los de la fenilcetonuria y otras enfermedades metabólicas congénitas.

Buscando un remedio común a todos estos males, en la Universidad de Tel Aviv han dado el campanazo. Porque han identificado dos bebidas naturales que pueden impedir la acumulación de proteínas tóxicas: el té verde y el vino tinto.

Ambos brebajes contienen compuestos naturales que bloquean la formación de estructuras dañinas en la sesera. La "molécula prodigiosa" del té verde se llama epigalocatequina galato (EGCG), mientras que en el vino tinto la estrella es el ácido tánico.

Poniendo a prueba su efectividad en tubos de ensayo y cultivos de células, los investigadores han descubierto que, en presencia de ácido tánico o EGCG, la formación de agregados de proteínas se bloquea. Las toxinas no se ensamblan unas con otras. Y eso evita el deterioro cerebral y sus indeseadas consecuencias cognitivas.

"Nuestra investigación demuestra, una vez más, la capacidad que tiene la naturaleza de producir los mejores fármacos para tratar los peores males humanos", asegura Shira Shaham-Niv, coautora del estudio que publica la revista Communications Chemistry.

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