ESTUDIO FINLANDÉS

ESTUDIO FINLANDÉS

Date el gustazo: beneficios científicamente probados de la sauna

Cuida la piel, reduce el riesgo de demencia y hasta combate el colesterol. Ir a la sauna vale la pena, y no sólo por el gustazo.

Elena Sanz | @ElenaSanz_ | Madrid | 13/01/2017

Además, la sauna proporciona beneficios cardiovasculares
Además, la sauna proporciona beneficios cardiovasculares | Pixabay

Ni resolver sudokus o crucigramas ni dar largas caminatas a diario resulta tan eficaz para evitar el deterioro cognitivo como echarse a sudar dentro de una sauna. Es lo que se desprende de un reciente estudio finlandés que estima que darse baños de calor de 4 a 7 veces por semana se reduce en un 66% el riesgo de desarrollar alzhéimer y otros tipos de demencia.

Aunque aún se desconoce el mecanismo biológico que hay detrás, Jari Laukkanen, principal responsable de la investigación, sospecha que es el mismo que hace que tomar saunas reduzca el riesgo de muerte súbita y de problemas cardíacos, según explicaba en la revista 'Age and Ageing'.

Al fin y al cabo, ser asiduo a las saunas no solo limpia los poros de la piel y favorece la lucidez mental, sino que también alarga la vida. Tal y como sacaba a relucir otro estudio, este publicado en 'JAMA Internal Medicine', la mortalidad masculina se reduce del 49% entre los hombres que acuden a saunas secas finlandesas una vez a la semana, y cae al 31% en quienes las visitan de 4 a 7 veces en el mismo periodo.

Entre otras razones, dicen los expertos, es porque reduce la presión arterial y mejora la circulación sanguínea. La cantidad de tiempo que permanece una persona en la sauna influye hasta tal punto de que los beneficios sobre la salud cardíaca y la longevidad pueden llegar a triplicarse si las sesiones de baños de calor se prolongan más de 19 minutos.

Por si fuera poco, darse baños de calor con regularidad tienen un efecto protector sobre la piel, ya que ayuda a mantener su pH y a mantener la hidratación de la capa más superficial de la piel (epidermis). A eso se suma que se ha demostrado que la piel de los asiduos a las saunas cumple mejor su función protectora.

El sistema inmune tampoco permanece impasible cada vez que entramos en una sauna. Después de una sesión, el número de glóbulos blancos, linfocitos, neutrófilos, basófilos y otras células con funciones defensivas aumenta, sobre todo entre las personas que practican deporte.

Acudir a la sauna combate también el colesterol, y los efectos se notan después de solo diez sesiones, de acuerdo con un reciente estudio polaco. En concreto, los investigadores comprobaron que esta práctica reduce los niveles de colesterol total y de colesterol "malo" (LDL). "Los efectos positivos de la sauna sobre el perfil lipídico o graso es similar al que se obtiene practicando ejercicio físico de intensidad moderada", concluían los autores.

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