El sobrepeso es un problema que cada día afecta a más personas en Occidente y que, a medida que pasan los años, se ha convertido en un auténtico desafío para los profesionales médicos.

Esto se debe a que la obesidad se ha asociado con el deterioro mental y una mayor tasa de accidente cerebrovascular, además de otros problemas que afectan a los órganos internos.

Ahora, un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina de Universidad de California en Riverside han determinado qué riesgos existen en función de los lugares del cuerpo en los que más se acumulan las grasas en hombres y mujeres.

Experimentando con ratones, este grupo de investigadores liderados por la doctora Djurdjica Coss descubrió que en los machos se producía una neuroinflamación y una activación de las respuestas del sistema inmune del cerebro al ingerir una dieta rica en grasas, algo que no ocurría en el caso de las hembras.

Además, los responsables de este estudio pudieron detectar en los ratones machos un descenso en los niveles de testosterona y una reducción en la cantidad de espermatozoides.

En el caso de las hembras se encontraron algo muy novedoso. “Descubrimos que los ratones aumentan de peso cuando se les alimenta con una dieta alta en grasas, lo que sugiere que las hormonas ováricas son protectoras contra el aumento de peso. Pero también encontramos que estos ratones hembra no muestran ni neuroinflamación ni cambios en las hormonas reproductivas, lo que sugiere que están protegidos por otros factores además del estrógeno ovárico”, comenta la doctora Coss, que aseguraba que estos hallazgos podrían tener aplicaciones en los humanos.

Todo ello se relaciona con el lugar donde tiende a acumularse la grasa en el cuerpo de los machos y las hembras. En el caso de ellas, por norma general, se suele depositar alrededor de las caderas, cuyo resultado es una forma de pera, como habitualmente se conoce.

En el caso de los hombres, la grasa acostumbra colocarse en torno al abdomen, lo que les otorga una forma de manzana. Así, los autores del estudio han concluido que es más saludable ser una pera que una manzana.