Llevas todo el día en el trabajo pensando en la hora de abrir la puerta de casa, cenar y poner tu serie favorita. Llega el momento, pero no ha salido ni la cabecera del inicio del tren y ya estás bostezando con la boca más abierta que el león de la Metro. Probablemente hayas realizado esta acción involuntaria porque te ha dado todo el bajonazo del sueño, pero... ¿y si tu bostezo significa algo más?

Siempre se ha dicho que el acto de bostezar sirve para oxigenar el cerebro, pero los científicos no han podido demostrar esa teoría. Si bien es verdad que cuando hemos pasado una noche toledana nos pegamos bostezando la mitad del día, o si nos da por ver un programa de Sánchez-Dragó se nos abre la boca de puro sopor, lo cierto es que hay veces que este gesto, que no podemos controlar, no tiene por qué tener relación con nuestro estado de ánimo.

Hay atletas, por ejemplo, que bostezan justo antes de competir, o estudiantes que no paran de abrir la boca durante épocas de exámenes. ¿Será el estrés?. Otro ejemplo: la mismísima Sasha Obama (la hija de Barack), que bostezó mientras su padre daba su discurso inaugural. ¿Tan aburrido fue?

No. Hay una explicación científica, y te va a dejar boquiabierto (había que hacer esta broma). ¿Qué quieren decirnos nuestros bostezos? He aquí algunas posibilidades:

1. Que te sientes cercano a alguien

Los bostezos, otra cosa no, pero contagiosos son un rato. Si estás leyendo esto al lado de alguien y te ha dado por bostezar (no era nuestra intención), es muy probable que se lo hayas pegado.

Aunque, según un estudio realizado en 2011, lo de bostezar porque otro lo haga dependerá de la empatía que guardes con esa persona: cuanto más cercano es alguien para ti, más posibilidad de contagio hay. Como se suele decir, la confianza da asco, y en este caso, como haya un nivel relativamente alto de la misma, te van a ver hasta la campanilla. Según los investigadores, los miembros de la familia son los más propensos a imitar la apertura bucal, seguido de amigos, y, en último lugar, gente desconocida.

Cuidado, que se pegan | Flickr

2. ¡Tu cerebro está que arde!

Al parecer, lo que podría pedirte tu cerebro cuando bostezas es que lo enfríes un poquito. Como el botellín de cerveza cuando llegas del súper a casa, igual. Según demostró el científico Andrew Gallup, de la Universidad Estatal de Oneonta en Nueva York, el bostezo le da aire fresco a tu cerebro y evita que se sobrecaliente.

Vamos, lo mismo que necesita tu ordenador o la ensaladilla rusa antes de que deletites tu paladar con su finos y sabrosos sabores. El cerebro frío opera más eficientemente, así que un bostecillo de vez en cuando (tapándote la boca, ¡esa educación!) no le vendrá mal.

3. Tienes el cerebro grande, amigo

Cuanto más largo sea tu bostezo, más grande tendrás el cerebro. Según un informe de la revista 'Biology Letters', los mamíferos que alargaban más sus bostezos eran los que tenían los cerebros más pesados y con mayor número de células. Así que si tu madre te dice que dejes de bostezar, puedes alegar que tienes un cerebrazo.

Cuidado, que se pegan | Pixabay

4. Te puede dar un ataque al corazón

O un derrame cerebral. O un tumor. A ver, tampoco te alarmes antes de tiempo: sólo el bostezo excesivo (el que se produce con más frecuencia de lo habitual), puede estar vinculado a este tipo de serios problemas. Los ataques al corazón pueden estimular el nervio vago, que se extiende desde el cerebro hasta el abdomen, lo que lleva a una reacción que podría provocar el bostezo excesivo.

Las personas con tumores en el cerebro, epilepsia o esclerosis múltiple a menudo también lo experimentan. Estas enfermedades, además de los dolores de cabeza, migraña o incluso ansiedad, se han relacionado con problemas para regular la temperatura del cerebro. Así, el bostezo excesivo podría ser un reflejo del cuerpo para ayudar a evitarlos.

Haz caso de tus apeturas bocales masivas y, si son verdaderamente excesivas, déjate caer por la consulta del médico.